viernes, 8 de junio de 2018

LA HISTORIA DE BEN: PSIQUIATRÍA

Este capítulo nos cuenta cómo empezó Ben con el trastorno.

Después de terminar el servicio militar Ben estuvo trabajando de autónomo en su comercio hasta que el hermano se puso a medias con  él, arruinándolo, quedándose con el negocio y dejándole las trampas. Por ser el hermano no quiso hacer nada en su contra. Se fue a trabajar, por una demanda que hizo, al Ayuntamiento de jardinero, me contó también que había trabajado en Ibiza de servicio técnico en un gran  hotel llamado Erebo.
Según me dice, todas las noches había  fiestas de ingleses, alemanes, americanos, y otras nacionalidades, bailaban en las discotecas al son de la música , y se emborrachaban llegando a meterse con cualquiera. Algunas veces llegaban al hotel y el director si le faltaba respeto a alguien les pegaba con una porra y los dejaba fuera de combate con un spray de pimienta, algunos amanecían dormidos en la fuente del jardín. Un día llamó a Ben al despacho y le dijo que trabajaba bien poco, entonces él le respondió que le diera la cuenta que se marchaba entones el director le dijo que tenia que darle 15 días ,Ben le respondió 15 y 20 también, y continuación se fue  a su habitación hizo las maletas y se fue a la inglesa.  En el mismo día fue a parar a st Antonio y allí se quedo viviendo 15 días.  Uno que conocía del hotel de enfrente le dijo a Ben  - “el director llamado Michel te busca y va con malas ideas”, no lo encontró. 
Se vino de Ibiza hasta su pueblo, con sus padres.  Tuvo la mala suerte de que muriera su madre en el 93 y su padre en el 99 se quedó solo.  Un vecino envidioso se metía con el y me contó que un día,  después de llevar varios sin dormir, le entro un zumbido en la cabeza y empezaron las voces esto fue hace mas de 24 años.  Dice que fue al psiquiatra y le contó sus problemas pues las voces le decían “mátate” repetidamente “vete de aquí”, él pensaba que le habían puesto un altavoz chillón en la cabeza y escuchaba “te estamos vigilando sal a la calle” y así un dia tras otro, las 24 horas. No podía dormir y lo ingresaron en el hospital de Valme, de Sevilla, allí estuvo 3 meses hasta darle un tratamiento adecuado para su enfermedad. A pesar de tomar medicamentos las voces continuaban, como estaba solo sus familiares al ver que tenia esquizofrenia le dieron de lado, sin ser una persona agresiva pues todo el mundo le da de lado a los enfermos mentales y no les ayudan en nada, porque no saben en que consiste la esquizofrenia.

lunes, 4 de junio de 2018

LOS PERIÓDICOS

Esta mañana he ido a comprar al kiosco habitual el Estadio Deportivo y me ha entristecido ligeramente ver la cantidad tan pequeña de periódicos que hay. Cada vez que voy me encuentro con menos. Y eran las 6 de la mañana, es decir, que estaban recién traídos. No es que se hubieran vendido sino que cada vez traen menos.
Cada vez se compran menos periódicos físicos. Han proliferado las ediciones digitales de los periódicos e incluso han nacido periódicos exclusivamente digitales como OK diario, que tienen mucha aceptación y encuentran un amplio número de lectores que no echan de menos tocar el papel, pasar las páginas, oler la tinta y otros rituales que se hacen cuando se lee un periódico.
Decía McLuhan que los medios de comunicación no se sustituyen sino que conviven armoniosamente. Es decir: la radio por ejemplo no mató a los periódicos, la televisión no mató a la radio y así sucesivamente. Conviven. Pero estoy viendo que a este paso el periódico digital acabará por matar al periódico físico porque cada vez se impone más internet.
Recuerdo cuando yo trabajaba de periodista en la redacción de El Correo de Andalucía. La velocidad que reinaba siempre en aquel ámbito. La preocupación por las últimas noticias que llegaban. La última página. La portada. 


Yo conocí la época de la linotipia, ya quedó anticuada. Después se pasó a la informática, pero era la ilusión la misma al ver la primera página. La redacción del periódico olía a redacción de periódico. No sé a qué olerá la redacción de un periódico exclusivamente digital. El periódico nunca se toca. Sólo se ve en pantalla. Me parece algo frío, despersonalizado, pero que comprendo, pero al mismo tiempo me apena porque está acabando con los periódicos físicos.
Me lo ha comentado el quiosquero esta mañana: que a este paso los periódicos desaparecerán. Y puede que desaparezcan hasta los quioscos. Lo que como yo no tenemos todavía ordenador tendremos que recurrir a los teletextos de las diversas cadenas de televisión para surtirnos de noticias y estar al día. Yo leo los teletextos mucho y me gustan porque dan una información corta, clara, sencilla. No he visto todavía ningún periódico digital, pero me consta su existencia.
Yo compro el Estadio Deportivo y paso las páginas y oigo el ruido y me mancho los dedos con la tinta. Me acuerdo entonces de mis tiempos de periodista también en el periódico Nueva Andalucía, periódico vespertino que acabó desapareciendo, hermano menor de El Correo de Andalucía. Los periódicos vespertinos nunca han tenido mucha suerte en España. Ha habido diversas intentonas pero no han salido adelante. En Sevilla estuvo un tiempo el Nueva Andalucía y yo también trabajé en él, concretamente en información deportiva. Pero no pudo subsistir. No tenía venta. La gente está acostumbrada a comprar el periódico por la mañana y a leerlo con el café, con el desayuno. Pero no compra el periódico por la tarde después de almorzar.
Echo de menos el periódico donde trabajaba y echo de menos los periódicos en los quioscos. Creo que sería una verdadera lástima que desaparecieran. Raro es el bar que no tiene hoy dos o tres periódicos para disfrute y uso de sus clientes. Normalmente uno de información general y otro de información deportiva. Yo compro mi propio periódico para que no me lo pida nadie, pero también suelo consultar el que no compro y el bar tiene a mi disposición.
Me encanta tocar el periódico. No quiero llegar a la comunicación despersonalizada. Al hecho de comprar el periódico y pagar con un euro veinte céntimos que es el precio actual de la mayoría de los periódicos.
Quiero seguir con el ritual de comprar el periódico y mirar de seguida la portada del día para comentarla con el quiosquero. Es algo que llevo haciendo desde que era niño porque en mi casa se solía comprar el periódico todos los días, concretamente el ABC. Cuando trabajé en El Correo de Andalucía siempre me daban a mi nombre un ejemplar. Yo trabajaba también en archivo además de en redacción. Cuando estaba en archivo me llegaba el periódico diario y era mágico ver publicados mis artículos y demás trabajos, que a veces costaban bastantes esfuerzos. Eso de tener que ir a los sitios a buscar las noticias era duro. Había que patearse la calle duramente sí. Había que hablar con mucha gente y no siempre se conseguían las noticias a la primera. Se quedaba con gente para realizar entrevistas. Y al día siguiente se veían impresas en el periódico. Iba siempre conmigo un fotógrafo. Era bonito también ver en las salas de revelado las fotografías que se iban a publicar en el periódico al día siguiente. Recuerdo cómo componíamos las páginas con los textos y las fotografías. Veíamos el resultado antes de que se tirara la edición del día.

Pero supongo que todo pasa. Algo similar me está ocurriendo a mí con los libros que publico. Yo escribo todavía a mano y paso mis libros a máquina de escribir, pero en la editorial me están dando cada vez más toques para que me compre un ordenador y envíe el libro por diskette. De momento la cosa me suena a quimera porque estoy muy a gusto con mi bolígrafo de cuatro colores y mi máquina manual, pero algún día me obligarán definitivamente a tener un ordenador. No pasará nada: estos artículos los escribo semanalmente por ordenador y me llevo bien con él. No tengo nada en contra de las nuevas tecnologías ni nada en contra de los ordenadores. Al contrario: soy por ejemplo un férreo defensor de los whatsApss. Y me encanta la velocidad que cojo escribiendo en el ordenador. Y lo fácil que es equivocarse y corregir, cosa que no ocurre con el tippex.
Pero no quiero que desaparezcan los periódicos físicos. Quiero seguir pasando las hojas, recortar lo que me interese, subrayar a veces las cosas más destacadas, ver las fotografías, mandarlas por whatsApp como he hecho esta mañana mandando una foto de la salida de la Divina Pastora del Convento de los Capuchinos a mi hermana Renata que está enferma de esclerosis múltiple y ya tiene que utilizar silla de ruedas y no se puede meter en las masas.
A ella le vendría bien un periódico digital quizás que no puede ni ir a comprar el periódico. Pero hay muchas otras personas que sí pueden hacerlo, que no tienen la imposibilidad física de ir a comprarlo.
He visto esta mañana en el quiosco que el periódico que más se sigue vendiendo en Sevilla es el ABC. De los demás hay montones más pequeños. Del que yo compro, Estadio Deportivo, hay poquitos. Es difícil hacer cada día un periódico con una temática única. Lo sé porque como ya he dicho antes yo trabajaba en la redacción deportiva. Fue una lástima que la enfermedad me apartara del ejercicio del periodismo. Era feliz allí, pero cuando caí malo todo se me vino abajo y me sentí impotente para hacer una vida normal. Ya no sirve de nada lamentarse. Creo que me he lamentado pocas veces porque he podido desarrollar más extensamente mi otra afición: la escritura de libros.
Es bonito ver también en los quioscos libros. Espero que no desaparezcan también y sean sustituidos por los libros electrónicos. Pasar las hojas, tocar el libro son placeres inmensos.
A ver cómo evolucionan las cosas. Quedamos a la expectativa. Los tiempos van a una velocidad extrema y los acontecimientos se suceden a toda prisa.
El mundo tiene prisa y la prisa no siempre es buena. Pero no hay que ser agorero. Yo no lo soy. Mientras tanto yo disfrutaré cada mañana de la lectura de mi periódico. Podré cogerlo del montón correspondiente y disfrutarlo con el desayuno. Por 1.20 euros. Pocos placeres tan baratos. Salud y suerte.

José Cuadrado Morales


miércoles, 30 de mayo de 2018

VII OLIMPIADAS UNIDOS POR EL DEPORTE Y LA SALUD MENTAL.

Un año más hemos tenido el gusto de participar en las olimpiadas "Unidos por el deporte y la salud mental", ha sido un día magnífico, en el que además de ganar el primer premio en la competición de petanca, hemos disfrutado de todas y cada una de las modalidades deportivas. 

DIVERSIÓN, BUEN AMBIENTE, AMISTAD, RELACIÓN, SUPERACIÓN, ALEGRÍA, COMPAÑERÍSMO, DEPORTIVIDAD.......



DÍA A DÍA

En 1982 el realizados Ted Kotchef dirigió la película Acorralado, titulada en el original First Blood y basada en la novela del mismo nombre. La película dio a conocer al personaje John Rambo interpretado por Sylvester Stallone. Había otros actores importantes en la cinta como Brian Dennehy y Richard Crenna, que interpretaba al Coronel Truman.
La película tuvo una excelente acogida y permaneció en los cines Avenida más de un año, cosa hoy impensable para cualquier película por mucha publicidad que se le dé. La cinta estaba francamente bien. A mí me gustó bastante. Era un película de acción bien construida y con la duración exacta que debía de tener.
Después de Acorralado vendrían Rambo II y Rambo III. Muchos años después vendría la precuela John Rambo, todas interpretadas por Sylvester Stallone.
Viene todo esto a cuento de que Rambo está traumatizado por la Guerra del Vietnam. Tiene frecuentes pesadillas relacionadas con la guerra. Y le cuesta trabajo adaptarse a la sociedad después de tanto tiempo en la selva. Creo que es en la segunda parte cuando el Coronel Truman le pregunta: “¿Cómo vivirás John?” y Rambo contesta: “Día a día”. Siempre me llamó la atención esa respuesta escueta y tan cierta. Día a día. No cabe mayor lección en tres escuetas palabras.
Yo desde entonces he intentado aplicarme el cuento de la frase y vivir día a día. Creo que es la mejor manera de hacerlo como enfermo mental. Con los problemas que se tiene con la mal llamada enfermedad mental lo mejor es vivir siguiendo las 24 horas del día porque nunca sabes cómo te vas a encontrar, qué te va a pasar.
Esta noche por ejemplo me he sentido muy mal con la ansiedad y me levantado a las 0.30. He hecho unas cuantas cosas y me he ido a la calle, a andar, a pensar, a rumiar un poco en mi enfermedad. He ido al cajero automático a sacar dinero que tenía que ingresar por la mañana para hacer frente a unos pagos. Cuando ha llegado la hora he ido a desayunar y he leído la prensa deportiva. Me he ido relajando poco a poco y a eso me ha ayudado tomarme un alprazolam de 1 mg.. Rara vez me tomo una pastilla cuando tengo un cuadro agudo de ansiedad, pero hoy he necesitado la medicación adicional.
En el bar me he relajado bastante. Después he paseado otro poco y he ido al Banco a ingresar el dinero para esos pagos que me urgen. He vuelto a dar un paseo y me he venido para la Ura. He tenido relajación y lógicamente me he quedado dormido. Y ahora estoy escribiendo este artículo contando lo que me ha deparado la vida en las últimas 12 horas aproximadamente.
Nunca sabes qué te va a pasar. No se pueden hacer planes con la enfermedad. Ella está como delante de ti, con poder, con una dictadura terrible en la que somos esclavos que a veces no podemos hacer nada. Simplemente defendernos como podemos. Yo me he defendido con el alprazolam y mucha constancia. Y paseando. Y ahora me siento bastante mejor y tengo voluntad para escribir este artículo semanal.
Hay muchas veces que tengo crisis de ansiedad. Me rebosa el Trastorno Obsesivo Compulsivo y no sé cómo defenderme. Tengo claro que no quiero empastillarme. No me quiero pasar la vida dormido. Quiero tener los ojos abiertos para poder defenderme mejor de mi enemiga la enfermedad. Me alío con ella y tiro para adelante porque no puedo ir para detrás, no puedo acobardarme porque entonces la enfermedad se apodera más de mí. Es un consejo que doy a todos los lectores: aliarse con la enfermedad y no recular, no ir atrás porque entonces la enfermedad te acorrala y es cuando no sabes verdaderamente qué hacer.
Otras veces venzo las crisis de ansiedad escribiendo como ahora lo que siento. Cuento punto por punto toda mi experiencia con la enfermedad. Ella es mi enemiga y lo tengo claro, pero a veces hay que hacerla amiga para que no nos hunda del todo. Hay que estar siempre alerta porque sus poderes son enormes, sea la enfermedad que sea. La mía tiene mucho poder y en muchas ocasiones puede conmigo y me dejo arrastrar por su influencia. Pero otras veces soy yo el que vence y tira para adelante como si nada hubiera pasado y vuelvo a mi vida normal.
Pero eso no ocurre siempre así. Muchas veces la enfermedad me puede y me ocasiona un sufrimiento enorme del que no me puedo defender. No sé qué hacer. Me desespero. No quiero tomar medicación. Doy vueltas por la casa. Salgo a la calle. Ando. Me pierdo en el mundo. Soy un ser con problemas perdido en un mundo de problemas y no sé por dónde tirar. Pero tiro. Sigo vivo. La desesperación nunca es tan grande como para pensar en el punto y final. Soy un enemigo del suicidio. Siempre hay salida. Siempre hay un huequecillo por pequeño que sea, un resquicio que deja la enfermedad para que puedas liberarte de ella y decir: estoy vivo y pienso seguir estándolo porque tú no vas a poder conmigo, yo soy más fuerte que tú y tengo fuerzas acumuladas para salir adelante.
Es importante decirse a uno mismo estas frases de apoyo para no hundirse. Uno es el principal aliado. Hay amigos, personas que apoyan, profesionales que te dan consejos buenos. Pero uno es el protagonista de la enfermedad para lo bueno y para lo malo. Lo malo porque la sufres y lo bueno porque la vas venciendo en sus distintas etapas y sigues vivo. Y seguir vivo es un arte mayor, un arte que implica mucha dificultad pero eso no importa. Lo que importa realmente es ser un superviviente. Y hay que sentirse orgulloso de ello porque no es fácil bregar con una enfermedad de estos tipos. Renuncio a llamarlas mentales como sabéis. Digo simplemente enfermedades.
Mi enfermedad nunca va a acabar conmigo. Me hará pasar malas noches como la de hoy, como tantas otras malas noches. Y tantos otros malos días como este fin de semana, que en gran medida lo he pasado sentado en mi sillón azul. Reflexionando. Meditando. Sufriendo a veces. Cansado. Abatido. Aburrido de tanta lucha aparentemente inútil de la que no sé muchas veces cómo defenderme.
Pero soy un superviviente y pienso seguir siéndolo. Tengo que ser más fuerte que la enfermedad. Hay que ser siempre más fuerte que cualquier enfermedad de este tipo. Uno siempre es más fuerte de lo que cree. La enfermedad nos lleva a situaciones límite. En ese límite vivimos peligrosamente pero avanzamos con rotundidad y somos valientes obsesivos que superamos cualquier prueba.
Y no debemos mostrar debilidad porque entonces la enfermedad es muy lista y busca sus triquiñuelas para derrotarnos. La palabra derrota no entra en nuestro diccionario. Y debemos seguir vivos día a día, como John Rambo. No hay otra manera porque no podemos hacer planes más allá de hoy porque no sabemos cómo vamos a estar al día siguiente. Exactamente igual que Rambo con sus traumas bélicos. Pues igual nosotros con nuestra depresión, nuestra ansiedad, nuestra psicosis, nuestra esquizofrenia, lo que sea. Da igual de la enfermedad de que se trate. Hay que tener una actitud positiva y no resignada, y pensar siempre en el día a día. En cada 24 horas.
Yo vivo así desde 1982 cuando una película me abrió los ojos y me enseñó que no hay que tener miedo a la muerte, sino amor a la vida, aunque haya que bregar con un enemigo terrible que no se rinde nunca. No hay forma de eliminarlo definitivamente, pero con pequeñas victorias se consigue también una gran victoria. Es una forma de verlo que me parece muy positiva y muy real también. Tenemos que ser fuertes y decirnos con frecuencia esa frase mágica: día a día. Salud y suerte.


José Cuadrado Morales

jueves, 17 de mayo de 2018

LA HISTORIA DE BEN; BEN SE FUE DE ST MALO FRANCIA

Una nueva historia  de   Benjamín y Asíais

Al cabo de 2 años, Ben se fue de St. Malo  a vivir con sus padres a Alençon Francia Normandia. Allí en otoñó había muchas setas en los bosques y champiñones cosas que él recogía para comérselas en su tiempo libre, ahí fue cuando empezó a pintar al óleo pues el tiempo era muy lluvioso y olía humedad por todas partes decía que al no salir a la calle del pueblo tenia mucho tiempo libre para pintar los días que no trabajaba en la fabrica de automóviles Carrier.  Ben recuerda que los Franceses eran unos racistas pues le decían a los extranjeros que se fueran a su tierra que se comían el pan Francés. En esas fechas llevaba yo casado 2 años, y trabajaba en el campo de "manigero" en la finca, Valencianilla del Hoyo estuve trabajando con mi padre muchos años. Ya entonces tenía yo un hijo y tenia que aguantar muchas cabronadas del dueño pues intentaba de echarnos a pelear a mi y a mí padre que trabajaba conmigo, el dueño era un franquista y me ponía a mal con los trabajadores ya que yo y mi padre éramos los encargados del trabajo de la finca .
Ben me contó que su padre le decía "no te cases nunca que el buey suelto bien se lame", yo esperaba ya mi segundo hijo el cual nació mas fuerte que el primero pesaba 4kilos 800 gramos, era enorme se llevó tres días con los ojos cerrados y el primero peso 3k 500g y estaba malo porque mamó sangre de la teta de la madre y se le hizo un coagulo en el estomago. Los médicos no sabían lo que tenia, por irme yo a trabajar, al cabo de 20 días al niño se le había complicado la enfermedad , porque mi mujer se le olvidó de decirle al médico que el niño en la casa hacia la caca bien y con soltura,  al final se lo dije yo al cirujano, que decidió no operarlo. Yo le dije que si le daban suero el suero estreñía y se recuperó vomitando sangre de la madre.  Al cabo de 8 años nació mi tercer hijo, buscando una niña, y vino mi tercer rey que nació sano y fuerte y peso 3kilos 600 g. Ben me contaba que en 1986 volvió a España a hacer el servicio militar obligatorio y que estuvo en carros de combate caballería a donde aprendió a manejar los carros, el era tirador hizo unas maniobras en los Montes Negros de Zaragoza a donde dormía debajo del carro era el mes de verano y aquello es un desierto me relata que vio de noche aparecer en el cielo dos luceros en pareja que se desplazaban a gran velocidad desapareciendo y apareciendo por otro lado y perdiéndose en el infinito...

MI SEVILLA

De nuevo en la ciudad de adopción,
la ciudad donde he pasado la mitad de mi vida,
una ciudad que me vio crecer y envejecer,
es como un pueblo grande Sevilla
aquí he conocido la gloria y el infierno,
casi toda ella esta impregnada por mi,
me conoció como un Dios y
me conoció como un pobre demonio,
me conoció como un maestro y,
me conoció como un pobre analfabeto;
aquí estaba mi paraíso como macho y
aquí estuvo mi infierno como macho.
No quiero olvidarte nunca, Sevilla;
si me encierro en mi pueblo
te recordare siempre y
aprovechare para hacerte una visita
a ti y a tus hijos e hijas.
Aquí esta mi sangre inocente
derramada por tus calles,
mis lagrimas de penas y alegrías,
estaban mis mejores amigos,
estaban mis hembras,
esta mi familia,
esta parte de mi escabrosa vida:
¡¡Ciudad alegre!!
¡¡Ciudad Universal!!
¡¡Ciudad Santa!!
Ciudad muy tuya y de tus sevillanos.
¡¡Gracias Sevilla!!

¡¡Gracias sevillanos!!

Jose.


miércoles, 16 de mayo de 2018

DÍA DEL ORGULLO LOCO

Aquí os presentamos el programa del DÍA DEL ORGULLO LOCO que se va a celebrar este fin de semana en el Parque del Alamillo.





martes, 15 de mayo de 2018

MALDITOS BASTARDOS

Tomo prestado el título de una película de Quentin Tarantino para mi artículo de esta semana. Me parece un título muy válido para hablar de todas esas personas que están a tu alrededor y en lugar de ayudarte hacen todo lo posible por hundirte todavía más; no te sacan de la miseria sino que te hunden más en ella , recreándose en el sufrimiento que vives y sientes como algo terrible.
En la película Brad Pitt se harta de matar nazis. Yo no voy a matar a nadie ni en la realidad ni siquiera en la ficción de un artículo periodístico, pero expreso toda la rabia que provocaban en el personaje de la cinta los crueles adictos sedientos de sangre de la esvástica que nunca tenían bastante con el sufrimiento que ocasionaban en los demás.
Yo llamo malditos bastardos a todas esas personas que he conocido en mi vida y que se han jactado de verme sufrir. Me han visto en el suelo tirado literalmente y me han puesto una pierna encima para que no pudiera levantarme. Yo no tenía fuerzas para ello, pero por si acaso ellos se preocupaban de que no me levantara con esos zapatos que me oprimían el cuello y el alma.
Malditos bastardos por arrojarme exclusivamente a la charca de las pastillas para que me atiborrara y valiera menos que nada. Porque eso me hacíais sentir: nada. Menos que nada. Como si fuera un judío en un campo de concentración esperando que alguien viniera a rescatarle de toda su desesperación.

Yo me he visto muchas veces, sobre todo en tiempos pasados, impedido para salir adelante, inmóvil , paralizado, como un preso en una cárcel de angustia deseoso de una libertad que nunca llegaba porque mis carceleros estaban muy pendientes de mí y hacían todo lo posible y lo imposible para que no escapara. Disfrutaban con mi incapacidad para la superación, disfrutaban con mi impotencia doliente tirado en un jergón de porquería mental, convertido en una piltrafilla maloliente que no servía para nada porque desconocía hasta el máximo extremo el significado de la palabra autoestima.
Malditos bastardos todos aquellos que se dedicaban a empastillarme para dejarme dormido y pareciera más un zombi o un muerto en vida. Sólo una persona se preocupó de ponerme un tratamiento en condiciones que no me dormía y que me ayudaba a superar la depresión, que ahora no tengo, y mis crisis de ansiedad derivadas de mi Trastorno Obsesivo Compulsivo.
Maldito tú, Trastorno, por causarme tantos problemas en mi vida, por impedirme hacer una vida normal, como tantas otras personas que no tienen problemas de nervios. Pero nunca te consideré Trastorno una enfermedad mental. Hasta ese punto no me venciste. Te considero una enfermedad normal porque yo no soy un enfermo mental.
Malditos bastardos todos los que querían meterme siempre en la cabeza que yo era un enfermo mental, alguien a quien había que tratar alejado del mundo, como si fuera un leproso o algo parecido. No pertenecía a ningún exclusivo nivel social ni de enfermedad. Era una persona normal con cierta discapacidad, pero no merecía que los nazis me metieran en ninguna cámara de gas.
Pero me ingresaron y los malditos bastardos me quisieron dormir una y otra vez. Yo decido cuándo duermo y cuándo no. Yo decido sobre mi vida porque soy dueño de mis actos y tengo el derecho legítimo a equivocarme. Nadie es perfecto y yo tampoco, por eso asumo perfectamente mis errores y todas las cosas que se deriven de mi enfermedad.
Yo he sido fuerte todos estos años frente a los malditos bastardos que no tenían piedad de mí. He sido fuerte y he resistido como los últimos de Filipinas frente a todas las acometidas recibidas por personas que decían ser mis amigas y eran enemigos encubiertos, gentes sin capucha que procuraban silenciosamente mi mal. Y no es paranoia persecutoria, sino realidad. Yo era un ser un poco indefenso y vulnerable al que era muy fácil hacer daño, herir sin apenas arma alguna y me levantaba una y otra vez y salía adelante con toda la fuerza del mundo.
Muchas personas se acercaban a mí para disfrutar mis dotes literarias y sólo querían sacarme las entrañas, las cosas más hermosas de mí como si yo fuera la nave nodriza de las perfecciones o algo por el estilo. Pero yo era y soy simplemente un ser humano que lucha por sobrevivir con los recursos de que ha sido dotado por Dios. En Dios creo y en su infinita misericordia. La Providencia me da cosas que yo no le pido. Ella no es una maldita bastarda. Ella me ayuda más que nadie y me da una fuerza que nunca pensé que llegaría a tener.
Creo en Dios y creo en mí mismo. Somos aliados. Luchamos contra todas las adversidades con coraje, con voluntad, dignidad y amor propio. Y no nos cansamos. Yo no me canso tampoco de escribir estos artículos semanales en los que voy dejando mi vida poco a poco como si fueran lágrimas de vida. Porque eso es lo que siento: que tengo mucha vida y que esa vida nunca terminará del todo. Hay otra dimensión, otro mundo en el que siempre seguiré viviendo con Dios y con las otras personas que se lo hayan merecido.
Malditos bastardos aquellos que no creyeron en mis capacidades literarias. Que no me ayudaron en mis inicios. Después resistí y publiqué muchos libros con entera libertad. He tenido una voluntad de hierro para sacar de mí lo mejor y dárselo a los demás con toda la fe del mundo. Escribo y seguiré escribiendo mientras tenga fuerzas para hacerlo. Seguiré sacando libros con todo el cariño del mundo y con toda la voluntad también.
Sigo adelante con toda la ilusión del mundo. Y lo hago porque me considero un ser vivo, no un aspirante a muerto como muchos malditos bastardos querían que me viese. Y no. Nunca estuve muerto, aunque caí muchas veces, pero siempre me levanté. Caía una y otra vez y ponía la rodilla en el suelo pero me levantaba y alzaba el cuello y miraba dónde estaba la salida. Y siempre la encontré. Y así llevo desde niño. Y soy un hombre de 56 años que aspira a vivir muchos más con la ilusión de los primeros años.
Sigo fuerte mirando hacia adelante, hacia donde está el camino limpio que me espera para tener una ilusión desbordante que nunca creyeron que llegaría a tener. Pero la tengo. Y nadie puede con ella.
Soy fuerte y tomo el tratamiento adecuado. Y me cuido. Y escribo mis libros. Y me doy a los demás. Y me relaciono con personas. Y hago en definitiva una vida normal. Yo me considero una persona normal que sigue adelante como estrenando la vida cada día.
Dejo constancia en este artículo de que siempre hay que tener voluntad para hacer frente a todos los obstáculos y todas las personas que son malditos bastardos para que nadie se sienta prisionero de ellos. Tened la voluntad decidida de caminar solos, junto a personas queridas, pero solos en el sentido de que tenemos que tener un depósito bien provisto de energía para salir adelante siempre.
Éste es mi mensaje. Y creo que ha quedado bastante claro. Salud y suerte.


José Cuadrado Morales

jueves, 10 de mayo de 2018

LA VIDA DE BENJAMIN

Decima entrega de Benjamin y Isaias.


El me dijo que había sido inmigrante y que sus padres lo llevaron cuando el tenia 12 años pero antes habia estado desde pequeño en la escuela de los Salesianos, a donde curso los estudios de EGB, y me contó que cuando el estaba viviendo en Morón fue cuando iba al castillo con otros amigos a fumarse los celtas después de la misa,y que los curas eran bastante buenas personas , pues algunos se bebían el vino a escondia,y le preguntaban que porque había tan poco vino en las botellas y le respondían que el vino se evapora,padre. Sus padres tenían una tienda de comestibles,y se llamaba Rafael y la madre Juana había unas casas mas para arriba de ellos de gitanos y que jugaba con ellos había uno que iba comprar a la tienda y le decía mire usted señor Rafael tengo el dinero por castigo pues en mi bolsillo derecho tengo una gorda en el izquierdo tengo una peseta ve usted entonces le decía Rafael, toma que tu lo que quieres es un cigarro y decía muchas gracias ,llegaba a la tienda una ciega que se llamaba Maria y compraba melones diciéndole a Rafael los miraba con los ojos vueltos y decía dame aquel amarillito.
 Rafael era relojero también fabricaba cuando no había radios unos de galena que vendía muy bien eso fue en el 1967 tenia Isaías 6 años y iba al colegió de padre Manjón cuando toda vía no conocía a Ben me dijo que se fue con sus padres y hermanos a Francia y que allí había en la escuela privada aprendido a hablar Francés cosa que se le da muy bien , que había estado en el Liceo Alan estudiando segundaria practica, para a continuación estudiar 3 años de FPA de electricidad, 6meses de ajustaje mecánico soldadura ,chapa .del automóvil todo esto trabajando en empresas también estuvo un tiempo trabajando en una fabrica haciendo quesos camembert, según parece se los comía a escondía fue cuando empezó a engordar. se fue a trabajar a st Malo de mozo de almacén y en la residencia que tenia conoció a un americano de New york que  fue su amigo durante el tiempo que hacia unas practicas en la banca en el cambio de divisas ,st Malo es un sitio muy bonito y acuden turistas en verano a visitarlo, también me contó que había ido a un castillo que estaba en el mar cerca de allí que el mar lo rodeaba por todas partes abajando la marea eran arenas movedizas subiendo lo hacia a la velocidad de un caballo al galope, aquel castillo se llama Mont. st Michel,con su amigo que también se llamaba Ben se iban los dos a tomar unas copas y a ligar con las turistas.
En la playa había turistas jóvenes y hermosas que piropeaban los dos.

lunes, 7 de mayo de 2018

EL MIEDO A LA MUERTE

       He leído que el miedo a la muerte cuando es excesivo puede provocar una enfermedad mental, una neurosis. Se habla de que algunos pueblos autóctonos de EEUU se tomaban la muerte como la cosa más natural del mundo, de hecho cuando llegaban a una cierta edad ya más que madura las personas de estos pueblos se marchaban en soledad y sin alimentación al lugar mas alejado de la población para dejarse morir. Lo que nos quieren transmitir es que la muerte hay que verla como algo natural, algo tan corriente como cualquier otra cosa de la vida, formando parte de ella. Fiestas como las de Hallowen ayudan a verla de una forma más común, formando parte de nuestro mundo y de nuestra vida cotidiana. Incluso la mortalidad infantil hay que procurar verla como algo corriente por mucho que nos duela o nos choque que una persona muera a una edad prematura. Ahí está y es inevitable en muchas ocasiones. Esto no significa que no hagamos nada para intentar que no se de, debemos poner todo los medios para que no ocurra, ir contra ella con todos los medios que tengamos a nuestro alcance, apoyándonos sobre todo en la ciencia. Pero hay que procurar no obsesionarse con la misma. Obsesionándose no arreglamos nada más que enfermar. Algo que te cuentan los que han perdido prematuramente a un ser querido es  que ha sido tan duro que han perdido incluso las ganas de vivir pero que con ayuda de los demás y esforzándose lo llevan adelante si no está del todo superado.

      Tenemos que llegar incluso a esforzarnos  para comprender que la muerte es buena, pero así es. Hay que llegar a pensar que incluso la mortalidad infantil es un hecho inevitable en ocasiones y que cumple una función. El desconocimiento del sentido último de la vida, dice un psicólogo del que estoy leyendo un  libro,  es positivo pues nos dice que pertenecemos a un universo enorme y complejo.

Jesús