lunes, 19 de noviembre de 2018

CUANDO LOS CELOS SE DESBORDAN(TERCERA PARTE)

Mientras sufría esos celos estudiaba y seguía mi vida normal. Yo seguía estudiando y ella trabajando. Seguía teniendo mis amigos de la facultad, los propios de mi pueblo y los de Sevilla. Los celos me llevaron otro día a pensar en comprarme unos prismáticos, pero esto sólo lo hice en el servicio militar, un año después. Ya estaba mi novia trabajando en una farmacia.
Los celos me llevaban hasta ir al Parque de los Príncipes de noche mientras estaba trabajando y entre los árboles intentaba verlos a los dos juntos trabajando. Pero la disposición del Parque respecto al Supermercado era tal que no se podía ver la entrada donde estaba la caja ni entre los matorrales,  los que nunca llegué a sobrepasar. Creo que por eso pensé en comprarme unos prismáticos. Sólo fui dos noches. La aparente complicidad entre los dos y lo que conté fue lo que hicieron que volvieran a surgir los celos.  Quizás ella sólo quisiera quitarle hierro y reírse de la situación en que nos encontrábamos como pareja en el plano sexual y aunque yo era consciente de ello en muchas ocasiones los celos podían más.
Ella era muy alegre, más que yo, y a los dos nos gustaba el sexo como a cualquier pareja de veinte años, imaginaba yo por aquel entonces. Queríamos disfrutar, pero lo más importante es, como se dice, que funcionáramos en la cama, que llegáramos al clímax los dos juntos: razón: la de poder tener hijos. La cuestión es que hacíamos el amor y yo disfrutaba mucho y ella también, mientras nos besábamos y nos acariciábamos. Yo también mientras lo hacíamos en posición perrito pero ella en esta posición no conseguía el clímax: más cuando yo lo que tardaba eran cinco minutos en alcanzarlo. Eso era algo que había que corregir, pensábamos entonces. Lo importante es que nos enamoramos (yo cuando ella me dijo que si, que saldría conmigo, a los tres meses de conocernos, me sentí flotar como si estuviera el cielo) y queríamos continuar juntos. Hubo un momento, una vez, que ella se puso en posición normal, natural para nosotros los seres humanos, pero yo en ese momento me di cuenta de que ella se comportaba anímicamente como una niña pequeña, como una niña de diez años y no pude hacer el amor así, lo rechacé. 
Esto ocurrió casi a mediados de de la relación y una sola vez. Continuamos con nuestros intentos en la posición perrito y yo para que ella disfrutara del sexo decidí que debíamos practicar el 69 mientras corregíamos el problema sexual que teníamos, posición con la que disfrutábamos los dos, con la que alcanzábamos el clímax los dos. Ya al final de la relación se puso más normal y hasta seria cuando intentábamos hacer el amor en posición normal y lo intenté, pero seguía alcanzando el clímax yo y ella no. Contar que aunque yo sabía lo que pasaba se dio la siguiente situación: solíamos hacer el amor en la parte trasera del coche al principio( y a un hotel más avanzada la relación) y lo hacíamos en el campo de la feria( los fines de semana y no fines de semana, unas dos veces por semana, de noche). Allí uno de los días que íbamos me sacó del coche y señaló con el dedo a otro coche en el que la mujer que hacía el amor (no se veía solo se escuchaba) gemía de placer. Me dijo que así debía disfrutar o sentir ella. De lo contrario, si ella no alcanzaba el clímax aunque lo alcanzara yo no podríamos tener hijos, sigo pensando, y que debíamos alcanzarlo juntos, al mismo tiempo, al menos pienso que alguna vez. Hubo alguna vez que hicimos el amor dos veces seguidas, a petición mía primero pero dejamos de hacerlo al ver ella que el pene no estaba lo suficientemente duro como para realizar el acto sexual. Mientras ocurría todo esto, hacíamos nuestra vida normal.
Desde aquí me gustaría decirle a mi novia que ella cuando nos enamoramos me salvó de la muerte emocional en que me encontraba a mitad de carrera de la licenciatura en física, a punto de desfallecer. Ni mi familia ni mis amigos podían hacer nada por mucho que quisieran y ella se cruzó en mi vida como un ángel bendito. Quizás si nuestras vidas no se hubiesen cruzado no habría terminado la carrera y mi vida hubiera cambiado completamente (empeorándola notablemente). Por eso quisiera dedicarle unas palabras y decirle que en recuerdo del amor que nos tuvimos escuchase dos temas de Maná: Bendita tu luz y Tu me salvaste del Lp Amar es Combatir. 

LA PATERNIDAD

Yo soy un padre feliz y orgulloso de un único hijo. Se llama Salvador. Nació el 15 de mayo de 1990. Tiene, pues, 28 años.
El día que nació coincidió con que yo tenía la presentación de uno de mis libros de poesía en Sant Boi de Llobregat, Barcelona, el centro de la comarca del Baix Llobregat, muy populoso y con una gran población de andaluces.
El acto llevaba mucho tiempo organizado por un Casal de Barri, algo así como un Centro Cívico aquí. Se había hecho mucha publicidad en prensa y radio, además de por cartelería. Digo todo esto porque me daba un poco de corte dejar tirados a los organizadores y opté por ir a la presentación del libro en lugar de quedarme al lado de mi mujer en un día tan señalado.
He tenido tiempo después de arrepentirme, pero ya no tiene remedio. Yo entonces estaba empezando en el mundo de la Literatura pública. Estaba en plena efervescencia. No paraba de hacer cosas: daba recitales de poesía, presentaba libros, daba conferencias, participaba en mesas redondas, en debates, en homenajes. Hacía todo por abrirme una carrera como escritor.
Tenía que haberme centrado más en mi hijo. Y más ahora que sé que seguramente no volveré a ser padre porque no tengo pareja y ya tengo 57 años. Pero los dos primeros años de la vida de mi hijo me los perdí porque estaba casi obsesivamente dedicado a la Literatura.
Pero una vez, en la Biblioteca Pública de Sevilla, presenté el libro de una poeta amiga de Alcalá de Guadaira. Ella me preguntó si jugaba mucho con mi hijo. No contesté. Aquello me hizo pensar y con un poco de reflexión cambié de actitud. Decidí dimitir por así decirlo de tantas actividades, incluso de la publicación de libros, para dedicarme a mi hijo. No quería perderme más tiempo de su vida porque después me iba a arrepentir.
Formaba parte de la paternidad. No sólo llevar dinero a casa sino preocuparme por él, vigilar su educación, darle cariño, jugar con él, darle ánimos, cambiar pañales, dar biberones y un largo etcétera. Decidí vivir la paternidad de una manera activa, no simplemente pasiva. Y me dediqué en cuerpo y alma a él.
Para mi desgracia me divorcié. Mi hijo tenía tres años. Era muy pequeño para entender lo que estaba ocurriendo, por qué papá ya no vivía en casa, por qué papá tenía otra casa, por qué él tenía que ver a mamá y a papá por separado en casas distintas.
Yo sufrí mucho porque pensaba que mi hijo sufría por todo aquello. Con el paso del tiempo mi hijo ha crecido feliz y muy sano física y mentalmente. Ha hecho sus estudios perfectamente, ha terminado dos carreras, ha aprobado una Oposiciones muy duras, está esperando destino, vive con su novia. No echa nada en falta. Y no tiene ningún trauma con su padre porque yo tomé la decisión adecuada y me dediqué a él.
En 1990 publiqué mi provisional último libro y ya no publiqué más hasta 2006. Desde entonces publico un libro cada año. Estuve todo ese tiempo de silencio para dedicarme lo máximo posible a mi hijo. Lo veía todos los días. La madre no me ponía ningún obstáculo para ello, cosa que le agradezco desde aquí.
Todos los días salíamos. Íbamos a mi casa, a parques, a Centros Comerciales, a cines, a teatros, a muchísimos sitios variados. Estaba entregado en cuerpo y alma a él , y yo era muy feliz porque veía que mi hijo crecía feliz. No iba a cometer otra vez el error del día de su nacimiento. Tenía que estar pendiente de toda su evolución y procurar en todo momento que fuera feliz, muy feliz.
Por su parte la madre hacía las cosas también muy bien. Nos llevábamos bien por la felicidad de nuestro hijo.
Siempre que podía viajábamos a muchos sitios. Fuimos a Madrid dos veces y le enseñé todos los sitios que me gustan de la capital. Fuimos a Segovia, a Ávila, a Toledo, a San Lorenzo del Escorial, pasábamos vacaciones en Chipiona, nos bañábamos, jugábamos al fútbol, a todas las cosas que se le ocurrían. Y me preocupaba de su educación: procuraba que siempre hiciera los deberes, le tomaba las lecciones, le ayudaba con el inglés que al principio se le daba un poco mal. Leíamos juntos libros de inglés. Y poco a poco llegó a sacar matrícula de honor en inglés.
Siempre ha sido un excelente estudiante, muy responsable, preocupado de todo lo que tenía que hacer. Y yo me he sentido muy orgulloso por ello. Soy feliz de haber sido padre de mi hijo. Y creo como ya he comentado que será el último. Aunque quién sabe. Pau Casals, el músico español, fue padre cuando era octogenario. Nunca se sabe lo que puede ocurrir.
Ahora vivimos una relación estable. Él vive con su novia en Badajoz y viene cada 15 días más o menos y nos vemos. Hoy por ejemplo hemos quedado para almorzar. Charlamos, nos contamos todas nuestras cosas y estamos siempre informados. Nos mandamos whatsApps por la mañana y por la noche y nos saludamos, hablamos, nos lo contamos todo. Y lleva una vida independiente sin olvidarse de sus padres.
Yo también tenía una buena relación con mis padres. Me fui de casa antes que mi hijo pero nunca rompí la relación con ellos. Mi hijo ha hecho lo mismo y yo me alegro por ello porque su madre y yo le hemos dado un buen ejemplo.
Lleva con la novia 11 años. Y espero que se case y me haga abuelo. Tengo ganas de ser abuelo y de ser un abuelo joven . Voy a disfrutar de mi nieto desde el principio. No voy a perder dos años como hice con mi propio hijo. Pero no voy a ser un abuelo incordiante. Quiero tener siempre una buena relación con mi hijo y mi nuera, y como es lógico con mi posible nieto.
La peternidad es una responsabilidad muy importante que yo he sabido vivir y me siento ahora orgulloso de mí mismo. No tengo nada que reprocharme. Rectifiqué a tiempo. No me desentendí de mi hijo como tantos padres divorciados. Ni he generado conflictos para que mi hijo sufra y adquiera traumas para toda la vida. Él tiene una estabilidad tremenda que espero le dure siempre y sepa ser buen padre entre otras cosas.
También deseo que sea un buen trabajador. Pronto lo vamos a comprobar porque entre noviembre y enero le dan destino para las Oposiciones que ha aprobado. Tres años ha tardado en preparárselas. Ha tenido paciencia y ha sacado una de las Oposiciones más difíciles que existen: Gestor Procesal y Administrativo, una especie de ayudante de juez. Tiene un nivel muy alto en la Administración y tendrá seguramente un buen sueldo, cosa de la que me alegro. Él ha sido fuerte y emocionalmente es una persona impecable.
Yo lucho por ser siempre un padre a la altura. Quiero que sepa mi hijo que puede contar conmigo siempre sin que se sienta agobiado porque él tiene que vivir su propia vida y esto es algo que no puedo olvidar nunca. Él tiene que vivir su vida como yo un día opté por irme de casa de mis padres para vivir mi vida solo y después con una mujer. Mi hijo tiene el mismo derecho.
Apoyo a mi hijo desde aquí y le deseo todo lo mejor. Y le doy las gracias por haberme permitido vivir la paternidad de una manera completa y muy feliz.
Que todo le vaya bien en la vida. Salud y suerte.


José Cuadrado Morales

viernes, 16 de noviembre de 2018

El afecto es revolucionario


 Se dice que se escribe para conocerse y aclarar conceptos, y esa es mi intención con este texto.
Tras 13 años de diagnostico y alguno más sin el he pasado por diferentes estados y situaciones os voy a contar un poco mi historia:
Yo provengo de clase obrera y tenia conciencia de ello, justo cuando apareció el trastorno –enfermedad estaba implicado en movimientos sociales, podía decirse que era un revolucionario convencido.
Con el tiempo he cambiado bastante mi manera de ver el mundo. He conocido revolucionarios con dinero en el banco, personas bien situadas que han elegido la austeridad y la vida sencilla. Otros que no llegan a fin de mes  y se preocupan de otros valores como la confianza, el afecto, la amistad etc.
También he conocido a personas con las que compartía ideología y se han quedado en dogmas de principio del siglo XX y no parecen evolucionar y a pesar de no coincidir las quiero y respeto.
A lo largo de este tiempo he investigado en corrientes de pensamiento con las  que compartía conceptos e ideas como los cristianos de base,el Taoismo y el pensamiento libertario. También respeto mucho las culturas con las que convivo en el barrio subsaharianos, árabes y latinos, con estos últimos he tenido diferencias pero generalmente me quedo con lo positivo.
También reconozco que he aprobado en la universidad del Pumarejo. Donde nunca me han pedido el carne de militante y me han aceptado como soy. Actualmente participo en el taller de costura de La Casa Grande del Pumarejo, es un espacio donde no se cosen tejidos si no relaciones y amistades. Nos reunimos para vernos y estar a gusto entre nosotros.Nos ponemos al dia con la  Casa, Vecinos, espacios , colectivos,etc.Se puede decir que ejercemos de cuidadores. Y como decía un compañero catalán que nos habita de vez en cuando, Joan . “mi ideología es la amistad” Nosotros intentamos practicarla dentro y fuera del Pumarejo.
A veces pienso que la vida nos va poniendo donde puede y nosotros vamos aprendiendo o evolucionando para superar las adversidades con los medios que tenemos . Lo importante es tener una red de ayuda para no sentirte demasiado solo para tomar decisiones aunque la ultima palabra la tiene uno mismo.
Me siento bien en la URA porque te ayudan sin presion ni imposición. Y eso es para mi es muy importante.
Se puede decir que sigo siendo revolucionario,pero he cambiado el terreno de juego y ahora apuesto por la vida cotidiana y los pequeños detalles y esto no se acaba nunca. La vida no hay quien la detenga y la actitud hacia ella tampoco. Siempre y cuando la enfermedad te lo permita. Ya que no todos los dias esta uno apto para practicar la Revolución Cotidiana.

Jose Maria

jueves, 15 de noviembre de 2018

HAY QUE BAILAR

¡Bailar! ¡Bailar!

Hay que bailar

No tienen ni idea,
de diversión;
¿Como te vas,
a aprender la lección?

El profesor no baila,
el alcalde no baila;
la policía no baila,
¡ Hay que bailar!
¡Bailar! ¡Bailar!

Viejos vinagres,
de corazón;
y ahora baila,
hasta la legión.

El profesor no baila,
el alcalde no baila,
la policía no baila.
¡Hay que bailar!
¡Bailar! ¡Bailar!


Francisco Manuel






lunes, 12 de noviembre de 2018

TODOS MORIMOS

Hace 40 años ahora que yo estudiaba COU, es decir, Curso de Orientación Universitaria, lo que era el antiguo PREU. Ahora ya el COU ha desaparecido, aunque no la Selectividad.
Han pasado 40 años Dios mío. Me estoy volviendo un poco viejo. Pero eso no interesa en estos momentos, aunque a medida que avanza el tiempo estoy más cerca de la muerte. Y esto sí interesa en estos momentos.
En COU yo tenía un profesor de Filosofía que era también filósofo. En cierto modo todos somos un poco filósofos porque todos de alguna manera tenemos una concepción particular y privada de la existencia.
Este filósofo-profesor nos enseñó muchas cosas, entre otras el amor a la propia filosofía. Ya sabemos que la palabra filosofía significa amor al saber. En este caso hablo del amor a la filosofía.
El profesor nos enseñó lo que podía ser la vida según los filósofos. Para cada uno la vida era una cosa distinta. Por ejemplo para el filósofo pesimista por excelencia Schopenhauer el hombre es un ser para la nada. Después de la muerte no hay nada. No sólo muere el cuerpo, sino que no hay alma ninguna, ni paraísos terrenales, ni cielos ni infiernos. NADA. Como el título de la novela de Carmen Laforet.
Era muy discutible la concepción de la vida de Schopenhauer, pero hoy no estoy aquí para discutirlo.
Para Kierkegaard el hombre era un ser para la angustia. Sin duda esto es más demostrable. Todos padecemos alguna vez angustia. Todos sentimos que nos desgarramos, que echamos sangre por el alma, que nos desangramos como si fuéramos bestias descuartizadas en un matadero. La filosofía de Kierkeggard es, por así decirlo, más demostrable empíricamente.
Y así muchos otros filósofos. Todo un curso da para mucho.
Pero lo que a mí me importa de verdad en este artículo es lo que me dijo una vez este profesor. Me marcó para los 17 años que entonces tenía. Dijo: “La verdad es que todos morimos”. No dijo nada más. Dejó que yo, incipiente aprendiz de hombre, sacara mis propias conclusiones. Y durante estos 40 años que han pasado he ido sacando conclusiones de aquella enseñanza y las he llevado a mis libros, a mis artículos, a mis propias vivencias.
Mis padres, por ejemplo, han muerto. Lo sé. Es un hecho objetivo. Sus cuerpos se han ido corrompiendo lentamente en un cementerio. Ya sólo quedarán huesos. Pero ellos siguen vivos en mí, en mi memoria, en las fotografías, en los recuerdos de tantas cosas compartidas.
No sé si tienen alma. Y si la tienen, no sé qué ha sido de ellas. No sé si hay cielo e infierno. Y no sé si de haberlos han ido a un sitio o a otro. No tengo evidencia de nada respecto a otras cosas. Sólo sé como decía mi viejo profesor que todos morimos. Y ésa es una realidad absolutamente evidente, al margen de filosofías de una u otra naturaleza. Es el resumen de todas las filosofías: LA MUERTE.
No sé si es punto y final o es punto y seguido. No sé nada. Sólo puedo hacer conjeturas, tener mis propias teorías sobre el más acá y el más allá, especular. Sobre eso se construye en gran medida la filosofía: sobre especulaciones. Palabras y palabras. Sólo eso. Exprimir el pensamiento para darle sentido a todo esto que hacemos mientras estamos vivos. Exprimir el pensamiento hasta intentar dar con la tecla de cuál es el sentido final de todo cuanto hacemos. Pura filosofía. Pura mortalidad.
El hombre es un ser para la muerte. Pero esto no puede quedar así. No puede ser tan simple. No quiero creerlo. Tiene que haber algo más. Debe haber algo más. Quiero que haya algo más. DESEO que haya algo más.
Mi fe me dice que crea en el más allá. En que el hombre es un ser para la muerte y para un más allá de la muerte. No hay para mí una distinción tan clara entre la maldad y la bondad. No veo las cosas tan simples. No me gusta simplificar. Mi profesor hablaba de los peligros de la simplificación de conceptos. Y el concepto muerte es demasiado complejo como para reducirlo a una mera reflexión. Sobre la muerte se puede hablar tanto que un artículo como el mío sólo es un apunte de cuanto se puede hablar y escribir sobre ella.
La muerte es algo muy importante en la vida de un ser humano. Es el final de una etapa llamada vida. Pero no sé si hay otra vida. No tengo evidencias. Sólo puedo especular. Es decir, sólo puedo especular y llegar a todas las conclusiones que me apetezcan. O aplicar mi fe y decir que creo en Dios y que más allá de todo este teatro me espera una vida mejor. Pero no puedo demostrar nada. Puedo rezar, pero no sé a qué o a quién lo hago en realidad. No lo sé. Sólo sé que tengo que morir. Como decía mi profesor, todos morimos. Es lo único que podemos demostrar. No hace falta llamar a ningún forense que certifique magistralmente la evidencia más absoluta de todo: QUE TODO TIENE UN FIN.
Más allá de este fin desconozco si hay otra cosa. Pero mientras viva quiero sacarle el mayor partido a mi vida, a mis capacidades, a mis hipotéticos talentos. Quiero seguir escribiendo libros, que son evidencias, no simples especulaciones. Quiero seguir con mis novelas hasta que mis fuerzas aguanten y me aguanten mis lectores. Quiero vivir y escribir. En eso resumo mi vida. Y quiero amar, tener la sensación de que el amor nunca muere. Aunque muera como cualquier cosa que sentimos cuando morimos. La muerte es el final de los sentimientos, de las emociones, de los deseos, de los anhelos, de las aspiraciones, de las ambiciones, de las necesidades, de los porqués, de todo. Todos morimos. Y cuando morimos lo hacemos absolutamente. No a medias o poco a poco. Sino de forma absoluta. Existe un punto y final.
Para mí hay algo más. Yo rezo como he dicho recientemente en un artículo, pero la muerte es el final de muchas cosas al margen de que después de la muerte puedan existir otras. La muerte supone el final de demasiadas cosas y para las personas de fe supone también el principio de otras. Y no sabemos cuándo morimos, que es lo mejor de todo. Se sabe cuándo vamos a nacer casi con total exactitud. Pero nadie sabe cuándo va a morir exactamente y no me vale el ejemplo de los suicidas. Esos aniquilan la vida de manera cobarde. Hablo de la muerte muerte, de la muerte poderosa que aniquila todo atisbo de existencia y se traga todas las filosofías. Se traga la nada de Schopenhauer, la angustia de Kierkegaard, el existencialismo de Jean-Paul Sartre, la complejidad de Kant, el escepticismo de unos, el hedonismo de otros. La muerte es un chupón terrible que se lo traga todo como un inmenso desatascador que lo tragara todo con despiadada impiedad, valga el juego de palabras.
Mi artículo ni es negativo ni es positivo. No me gustan las categorías absolutas. Mi artículo constata la realidad de la muerte, harto indiscutible. Puede haber algo más allá de ella, algo indemostrable. No sé qué es la fe pero creo en ella. Pero sí sé qué es la muerte. Y creo en ella pero no me da la gana creerme que la muerte es la triunfadora. ¿Por qué demonios tiene que ser la muerte la triunfadora? ¿No tendrá la vida una carta guardada en la manga? ¿No habrá una estrategia desconocida que nos espere más allá de tanto tanatorio y tanta morgue?
Decía mi profesor y guardaba silencio después que todos morimos. Dejaba en el aire la frase como una terrible pregunta. Yo era sólo un muchacho de 17 años que anhelaba ser periodista y escritor y me dejó descolocado. No me he quitado de la cabeza esa frase. Era una manera de educar muy tremendista, como si hubiese sido creada por el mismísimo Camilo José Cela.
Creo que mi profesor, después de 40 años, habrá sucumbido a la muerte. Yo aún sigo vivo. Tengo 57 años. No sé cuándo me voy a morir. Sé que seguiré escribiendo y procurando hacer el mayor bien posible. Quiero a mi hijo. Me consta. Y quiero a más personas y siento que ese amor es real. Se han muerto muchas cosas en mi vida, pero no se ha muerto mi vida. Y no sé cuándo lo hará. No sé si es una victoria de la muerte o la carta en la manga de la vida. Ahora mismo me da igual. Voy a seguir rezando mientras viva. Y escribiré hasta que me quede una sola gota de tinta de máquina de escribir antigua. Esto sí puedo afirmarlo. Mientras el cuerpo aguante estoy aquí para todo. Salud y suerte.


José Cuadrado Morales

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Nº45 REVISTA LO+




Este ha sido un año difícil para nuestro blog, como habéis podido observar, han disminuido notablemente el número de artículos publicados y solo hemos editado  un número de nuestra revista. ¿Motivos?  Miles, unos para bien y otros para fatal, hace unos meses nos dejó uno de nuestros mas apreciados y productivos colaboradores, Jaime, él además de escribir buenos artículos, colaboraba en  las redes sociales y ayudaba a editar la revista, descanse en paz.  Otros, por suerte, han iniciado una etapa diferente marcada por la su recuperación, Silvia ha empezado a estudiar una carrera universitaria, David ha comenzado el acceso a la universidad para mayores de 40 años, Antonio se busca la vida haciendo pequeñas chapuzas y ayudando a muchos comercios del barrio a cambio de algo de dinero, está buscando empleo y seguro que lo encuentra, Miguel Ángel ha estado trabajando durante unos meses para el ayuntamiento y aunque ha vuelto a colaborar con nosotros, está deseando seguir en el mundo laboral. 
Por suerte contamos con nuestro incombustible José Cuadrado, el más ilustre y productivo de los autores del Blog, sin olvidar a Diego,  el gran observador y crítico social, YFC, comentarista y articulista habitual,  Jesús y sus trabajos sobre la psicología de las personas, Jorge, actual maquetador de la revista y encargado de publicar en redes sociales, Benjamín e Isaias, que nos dejan publicar artículos de su Blog personal, que ahora tienen abandonado y deberían retomarlo. También han empezado con nosotros Sara, José María y muchos otros. Nunca es tarde si la dicha es buena con lo que aquí tenéis el número 45 de nuestra revista LO+.

martes, 30 de octubre de 2018

CUANDO LOS CELOS SE DESBORDAN (segunda parte)

Estaba en como se iniciaron los celos en mi relación de pareja: contaba que desde que mi novia me contara que su compañero de trabajo no quería a su novia de verdad, a pesar de que estuviese con ella de novio, no dejé de pensar por momentos que clase de persona podía ser. Los celos surgieron como cuento más en casa que cuando estaba con ellos de visita en su trabajo. Entonces me dio por vigilarla.
Eso son los celos. Y no. Durante el tiempo que estuve sin fumar por una promesa a ella, seis meses, llegó el día en que desfallecí, a los tres meses. Decidí volver a fumar y me dirigí a una cafetería-pastelería que había cerca de mi casa a comprar tabaco. Cuando ya había sacado el tabaco apareció ella tras de mí: - "pero que estas haciendo", creo recordar que me dijo. De manera que tiré el paquete de tabaco y conseguí estar otros tres meses sin fumar. En total seis meses.
La alegría que desprendían los dos cuando estaban juntos influyó. Ella era muy alegre la mayor parte del tiempo y eso era algo muy positivo para mi pero en las circunstancias en que estaba fue negativo. Como decía ella  que había que disfrutar del sexo hasta “hacer palmas con las aletillas del chochete”, eso según me dijo se lo había dicho su compañero de trabajo. Contaré más tarde a que se debían estas ganas, pues influyó también en que aparecieran los celos.
Como decía empecé a vigilarla con el cuerpo descompuesto la mayor parte de las veces. En el momento en que se dirigía mi novia a su trabajo, sin hacer un cálculo preciso para estimar esos momentos pues no sabía con exactitud sus horarios, empecé a irme un par de días a los Jardines de Cristina a esperarla verla pasar en moto( también tenía coche) como logré ver un día. Los momentos en que se viven los celos son confusos y no se atina con muchas cosas. Puede más el malestar que la lucidez mental y la tranquilidad. La vi pasar  y esa noche me quedé tranquilo.
Pasaban los días y los celos iban y venían.
Al cabo del tiempo volvieron a surgir los celos y entonces decidí vigilarlos a los dos desde un lugar cercano a su trabajo mientras trabajaban. En esta ocasión se trataba de los jardines de enfrente del super 24 horas, los Jardines del Príncipe en los Remedios. De noche no había allí nadie. Y la zona daba casi frente a la puerta en que estaba la caja en la que trabajaba ella.

Jesús.
      

MI CASA

Yo vivo en la misma casa desde hace 26 años, desde 1992, un año muy simbólico por todos los acontecimientos que tuvieron lugar en él. Acontecimientos que no pude saborear por culpa de mi enfermedad que estaba en un momento crítico. Me hacía sufrir horrores y no pude disfrutar cuanto hubiera querido.
Me cambié de casa en 1992 y ya no me he vuelto a mudar. En ella he vivido toda clase de acontecimientos. Ahora me quiero referir a los que tienen que ver con la enfermedad, que es lo que tiene más importancia para el blog de la Ura.
Durante mis años de depresión, ya superada, pasaba muchos días enteros metidos en la cama. Mi casa era una prisión, una celda aún más pequeña donde me sentía prisionero, un ser impotente para escapar de sus dificultades diarias. Todo era un mundo. Cualquier pequeño detalle se convertía en inmenso. Y mi casa me provocaba una asfixia tremenda que me impedía casi por completo disfrutar de ella. Vivía en mi casa como podría vivir en cualquier otro sitio porque mi casa era sinónimo de sufrimiento, de padecimiento, de decadencia.
Mi casa no tenía para mí nada singular. Era un infierno. Me levantaba de la cama sólo para hacer mis necesidades y para comer algo, poco, de vez en cuando. Mi casa era la cama, el cuarto de baño y el frigorífico. No podía escapar de la rutina. Todo estaba desordenado. Tenía la casa abandonada. Acumulaba basura como si tuviera el síndrome de Diógenes. A veces no podía ni caminar de tantos trastos como tenía y en ocasiones la mesa de camilla estaba tan llena de porquería que me avergonzaba, pero el dolor era mayor que la vergüenza.

Era preso y no sabía cómo escapar. No tomaba medicación. No quería. Me negaba rotundamente. Hasta que llegó el momento en que empecé a tomar medicación y me puse mejor. Y empecé a salir de la cama, a limpiar mi casa, a ponerla ordenada, a vivir en definitiva en ella y no considerarla sólo un calabozo.
Salí del calabozo con mucho esfuerzo. La calle me resultaba extraña del tiempo que había permanecido encerrado en mi casa. Me sentía extraño entre la gente y me costaba mucho trabajo comunicarme con los demás y hacer las cosas más sencillas.
Me había atrofiado en la cama de tanto tiempo metido en ella. El edredón se había vuelto viejo de tanto usarlo. Había sido un esclavo de la enfermedad y me había dejado manipular claramente por ella.
Empecé a relacionarme de nuevo. Y también tuve que empezar a relacionarme con mi casa de una manera distinta. Ya no la veía como una cárcel, sino como mi sitio para vivir, para estar en el mundo, para escribir mis libros, para lavarme, para comer, para hacer muchas cosas ademas de aprisionarme en la cama y ser su esclavo.
Limpié hasta que puse mi casa muy bonita, pero me vine abajo de nuevo, aunque no con la misma intensidad, y se puso otra vez sucia. El suelo se puso negro de tanto pasar la fregona con la misma agua sucia. No cambiaba el agua. Sentía una pereza infinita. Me costaba un mundo hacer cualquier cosa por pequeña que fuera. Y poco a poco dejé que mi casa se volviera otra vez un estercolero, pero no por depresión , sino por dejadez, por abatimiento, por pereza. Simple y llana pereza, y un poco de sinsentido de la propia existencia.

Así pasaron varios años. Yo nunca dejé de escribir, pero no cuidaba mi casa. Comía sobre una silla para no tener que poner nunca la mesa. Colocaba en la silla un trapo y hacía de mantel y así era todo más rápido. Era la pereza que me comía, que se lo tragaba todo, que no me dejaba vivir en libertad y cuidar mi casa que cada vez estaba peor.
Hasta que llegó un día que me harté y dije basta. No puedo continuar así. No puedo vivir en una casa sucia, no puedo sentarme en un sillón que cada vez tiene los reposabrazos más negros de tanto sentarme sin limpiarlo.
Acordé conmigo mismo hacer una limpieza general de mi casa habitación por habitación. Empecé por las que estaban peor: la cocina y el cuarto de baño. La cocina estaba fatal. La hornilla daba pena verla, por no decir asco. El suelo acumulaba mierda de muchos años. Lo mismo el suelo del cuarto de baño. Y las paredes.
Contraté a una persona, un hombre concretamente, para que me ayudara porque no podía con tanto trabajo. Necesitaba un profesional. No diré su nombre. Se tomó muy a pecho su trabajo y no me cobraba mucho, sólo 7 euros por hora. Iba tres horas cada martes y poco a poco fue cambiando mi casa de arriba abajo. Limpiaba muy bien. Yo le surtía de todas las cosas que necesitaba, de todos los productos que eran necesarios para hacer una limpieza completa.
Trabajaba duro. Quería hacer las cosas solo. No quería que yo le ayudase. Estaba las tres horas trabajando como un stajanovista. No paraba en ningún momento. Nunca tomaba nada aunque siempre le ofrecía algo de beber. Tenía las cosas que me dijo que le gustaban, pero nunca tomó nada. No lo entiendo. Era un gran profesional que se tomaba muy en serio su trabajo.
Un día me confesó que le gustaba limpiar. Que lo suyo no era un trabajo por necesidad, sino por placer. Le gustaba limpiar. Increíble para mí que me había pasado tantos años en la cama sin limpiar nada. Para mi familia que yo limpiaba, pero la realidad era que yo no hacía nada. Parasitaba en la cama como cualquier chinchorro.
La casa fue tomando la forma que tenía cuando la cuidaba. Se veía el suelo muy limpio, reluciente. Él siempre me decía que mantuviera limpio lo que él limpiaba. Que no lo dejara, que no me volviera a abandonar para evitar que se acumulara de nuevo la mierda. Nos llevábamos muy bien, nos compenetrábamos.
Yo entraba ahora en mi casa con más alegría, lo veía todo limpio y me sentí muy dichoso. Mi sillón parecía nuevo, recién estrenado. Y así toda la casa. No tenía depresión, sólo bajones normales que puede tener cualquier persona. Nadie está libre de un momento de tristeza o abatimiento. Pero la depresión es una cosa más seria.
Mi problema ahora es otro como ya saben mis lectores habituales. Pero no la depresión. Tomo mi tratamiento desde hace años y he mejorado sustancialmente. De mi problema actual no estoy bien y me cuesta mucho trabajo superarlo, pero por lo menos mi casa ya no es una prisión. Mi cama ya no es un jergón donde tirarme días y días sin hacer nada, sólo vegetando y viendo pasar la vida como si yo fuera un inútil, un ser incapaz de nada.
Mi casa me ha costado mucho. 15 años pagando una hipoteca. Terminé de pagarla en 2007. El banco me cobró muchos intereses que me cabreaban, pero no tenía más remedio. El divorcio me había obligado a buscar otro lugar para vivir. Circunstancias de la vida que hoy están superadas. Es cierto que el tiempo cura siempre las heridas por dolorosas que puedan parecer.
Todo es cuestión de tiempo. Mi casa también. Hoy es un lugar que puedo enseñar con orgullo. Me lo he currado y he pasado mucho. Pero he conseguido volver a la limpieza de antaño y me siento orgulloso de mí mismo.
Es bonito sentirse orgulloso de uno mismo. Bastantes veces he caído en la falta de autoestima. Justo es reconocer ahora mis méritos por haber recuperado mi casa para vivir, para mucho más que dormir.
Bienvenidas sean las segundas oportunidades. Yo le he dado una segunda oportunidad a mi casa, es decir, me he dado una segunda oportunidad a mí mismo. Hay que saber luchar. Luchar es vivir, pero vivir no sólo es lucha. Es muchas otras cosas más. Por ejemplo: disfrutar de mi casa. Me siento feliz. Salud y suerte.


José Cuadrado Morales

jueves, 25 de octubre de 2018

NUESTRA GENTE


Como vamos a todas partes juntos el verano pasado teníamos este comentario, pues había una señorita que se llama Pepi, de 50 años de edad, que le gustaba yo y que como nos veía de vez en cuando en el bar  no dudaba en decirme que me quería, que saliera con ella y yo no deseaba en absoluto; viendo que el pájaro se le escapaba empezó a decir de mi amigo Ben que era mariquita y que estábamos juntos los dos, que estábamos liado cuando ella al igual que nosotros sufre una enfermedad mental y llegó tanto a odiar a Ben que un día se lo dijo a él con estas palabras “ni yo estoy loca ni yo soy tonta, pero tu eres mariquita”. Ben le respondió ¨pues tu estas loca y eres tonta somos amigos desde hace mas de 14 años” y ahí se quedó la cosa.                       
Nuestra amiga de movistar Eva nos la encontramos en el jardín paseando su dálmata, nos dio alegría verla y nos dijo que ya no trabajaba en movistar, que le habían despedido y que se iría a Barcelona de donde ella es originaria ,y que iría a Ibiza a trabajar de lo que le saliera entonces Ben le dijo que como estaba la cosa de trabajo que montara un pequeño negocio , de necesidad diaria que es lo que mejor conviene para un pequeño negocio; ella dijo que ya vería y se despidió de nosotros. 
Escucho en algunas personas el comentario, los dos inseparables de vez en cuando. Ya este año hemos comprado los polvorones, como todos los años, nos gusta disfrutar de las Navidades. Este año yo he sido por segunda vez abuelo gracias a nuestra querida nuera María Teresa y mi hijo Francisco José que han tenido un hermoso bebé de 3,720 kilos, un precioso niño llamado Daniel, es el regalo para mí, el más esperado    Ben dibuja cada vez mejor, nos fuimos a la cartuja el viernes y lo que no me esperaba era lo difícil que resulta aguantar cerca del wc sobre todo en la cartuja a donde están todos nuestros amigos. Fuimos a ver la hermana de Ben ,que nos atendió muy bien, después
llegó su sobrina y su novio porque era el cumple de Ben. Le regaló dinero para un pantalón.
El cumple fue el 9 de noviembre y lo celebramos en la casa, con un compañero llamado Miguelo experto en informática que hacía más de un año que no lo veíamos. De nuestra enfermedad cada día queda menos que hablar, cada vez estamos más cuerdo. Ben esta esperando los resultados de la alergia.

ODISEA ALBAÑILERA

Al principio eran dos,
después fueron tres,
y al final cinco.

Mi padre quiso hacer,
un bañito donde antes lo sacó;
eran dos locales,
después los convirtió en uno;
y ahora lo volvieron hacer dos.

¡ ODISEA ALBAÑILERA!
¡ ODISEA ALBAÑILERA!


Cuantas construcciones,
mi padre dijo,
que hizo en Argentina;
los obreros hicieron el trabajo,
y después se fueron de ahí
y él que es muy de derechas
cuantos obreros vio.

¡ ODISEA ALBAÑILERA!
¡ ODISEA ALBAÑILERA!

Las instituciones del estado,
están llenas de paganinis;
los obreros haciendo el trabajo
y ellos son los dueños,
porque pusieron el dinero

¡ ODISEA ALBAÑILERA!
¡ ODISEA ALBAÑILERA!


Francisco Manuel