Pero en realidad yo creo que eso deberíamos de aplicarlo
todos los días del año y no solo en Navidad. lunes, 3 de diciembre de 2012
SE ACERCA LA NAVIDAD
La navidad es muy bonita, pero es una fecha que afecta mucho
a la gente que tiende aponerse sentimental y triste, pero hay que alegrarse y
pensar en positivo y tratar de adaptarse. Es una época para estar rodeado de la
familia e intentar vivir en concordancia y en paz tratando de llevarse bien en
cada situación.
Pero en realidad yo creo que eso deberíamos de aplicarlo
todos los días del año y no solo en Navidad.
Pero en realidad yo creo que eso deberíamos de aplicarlo
todos los días del año y no solo en Navidad.
Eso de que haya gente que el día a día lo pase durmiendo en
la calle por los desahucios o por no poder trabajar es indignante. Quizás todos
deberíamos de ponernos a pensar en ellos, teniendo una familia que alimentar y
sin tener ni un duro para ello, ¿qué navidades pueden tener esas personas? ¡Que
injusticia de mundo! Unos que estén a todo lo grande y otros a sin tener agua que beber y muriendo
de hambre y enfermedades en África.
Estas navidades para ellos no creo que vayan a ser nada bonitas,
gente que quiere trabajar y no puede por que no hay trabajo, el minusválido que
no recibe ayuda suficiente porque no hay dinero, gente que se queda sin casa...….
No se quienes son los responsables de esto, pero seguro que pueden
dormir a pierna suelta aun sabiendo de sobra el daño que hacen.
Juanan
jueves, 29 de noviembre de 2012
LA SENDA DE LA NORMALIDAD
Escribo este artículo como
sugerencia de mi psicólogo, pero lo hago muy a gusto porque el tema es más que
interesante. La senda de la normalidad es como la senda de los elefantes que
recorren un camino prefijado hasta el lugar donde van a morir. Ellos andan un
sendero fijo para morir cumpliendo una normalidad. Pero esta normalidad sería
también como la senda de la vulgaridad porque nadie se rebela contra esa
costumbre de morir en el mismo sitio todos los elefantes. Todo el mundo ha oído
hablar de los cementerios de elefantes. Pues podrían alargar su vida sin
necesidad de adelantar la muerte de esa forma tan mecánica.
Todos necesitamos una horas
de luz, como diría el cineasta Manolo Matjí. Unas horas de luz para que nuestra
vida no sea esa senda de vulgaridad, sino de excepcionalidad. Luchar contra la
vulgaridad es una de las claves de la vida. Luchar contra la rutina y sus
muchos defectos. La luz nos enseñaría caminos nuevos, como a los elefantes.
Esas horas de luz nos indicarían el camino hacia el mundo de lo excepcional. Y
esta excepcionalidad puede ser lo que en la película del mismo título, Horas de
luz, el amor como fuente de inspiración
vital, como senda de optimismo hacia un universo distinto donde todo
tiene sentido.
Cuando hablo con mi hijo y le
pregunto cómo está suele responderme: normal. Cuando le pregunto por los
estudios me responde lo mismo: normal. Ésa es su normalidad. Él es feliz así
con lo que otro considerarían vulgaridad porque su vida no tiene nada de
excepcional en principio, salvo que consideremos a la felicidad como algo
excepcional. La senda de normalidad de mi hijo también le lleva al amor con su
pareja. Llevan cinco años juntos y lo van
celebrando poco a poco. Sale los viernes por la noche y de vez en cuando
los sábados y es feliz con eso y ya está. En el amor él no entiende de dolor.
Huye del dolor como de la peste. Eso me recuerda una película mejicana titulada
Amor, dolor y viceversa. No se puede amar sin experimentar algún tipo de dolor.
De ahí lo de viceversa. La clave de la vida empieza con el amor a uno mismo y
esto puede privarnos del dolor que aparece como imprescindible si lo
relacionamos con el universo de los sentimientos.
Vida y color es el título de
otra película de Santiago Tabernero. En ella nos habla de lo difícil que es
adaptarse a la vida en los suburbios, y yo diría de lo difícil que es adaptarse
a la vida en general. A la vida hay que echarle color, el que sea, pero que nos
identifique y nos produzca placer para que no pasemos por ella como seres
inadvertidos. En esta falta de inadvertencia está también la senda de la
normalidad unida a la vulgaridad. Tenemos que vivir intentando destacar en algo
pero no para presumir, sino para dar un sentido superior a nuestra existencia.
Es como la parábola de los talentos: tenemos que devolver a Dios los talentos
dados pero multiplicados a la vez. Como decía Robert de Niro en la película
dirigida por él Una historia del Bronx: no hay nada peor que el talento
desperdiciado. Y ésta es una de las claves de la senda de la normalidad:
exprimir los frutos que hemos recibido y llevarlos al final de la senda de los
elefantes con nosotros a quienes nos los ha proporcionado.
¿Y cuál es la normalidad de
un esquizofrénico, por ejemplo? Me remito a otra película de Xavier Villaverde
titulada Trece campanadas. En ella el protagonista es un joven escultor
esquizofrénico que en sus alucinaciones ve a su padre que le dirige en la
realización de su obra para que te termine la suya no finalizada. Él deja la
medicación y se pone mucho peor, violento, perverso, con tentaciones suicidas.
Al final vence el fantasma de su padre sin tomar medicación, aunque sabe que
debe tomársela. Y también lo salva el amor. Su normalidad es tomar la
medicación y realizar sus obras escultóricas acompañado de su pareja. Ésta
podría ser la pauta de normalidad de un esquizofrénico: las pastillas y una
ocupación, la que sea, la que más le beneficie o más placer le produzca.
El otro día me sentía fatal
con la ansiedad y llamé a mi hermana. Le conté lo mal que me encontraba y me
contestó con una obviedad: Tranquilo, normalidad. Para mi hermana la senda la
normalidad pasa por el vencimiento de nuestras limitaciones, en este caso la
ansiedad. Pero resulta muy difícil superar la ansiedad cuando ésta se encuentra en su apogeo y nos
machaca inmisericordemente. La ansiedad no tiene misericordia con quien la
padece, por eso me cuesta tanto trabajo vivir y afrontar el día a día. La
ansiedad me machaca enormemente y me cuesta mucho trabajo seguir adelante. Pero
nadie ha dicho que la vida sea fácil. El juego de vivir es tremendamente duro.
Está lleno de trampas. La vida es tramposa y hace lo que puede para que no
podamos ir por la senda de la normalidad. Y ahora hablo estrictamente de
equilibrio psicológico, de equilibrio interior, de armonía con nuestras
facultades. Ésa es ni normalidad: la ausencia de ansiedad o la aceptación de la
ansiedad como mal menor que es otra forma de afrontar el problema. Algo así
como lo de si no puedes vencer a tu enemigo únete a él. Y llegar incluso a
decir pues me gusta la ansiedad o no es tan mala conmigo o tiene sus caras
positivas. La ansiedad me mantiene en alerta frente a la vida, aunque hace que
la vida no sea fácil. Pero no podemos pecar de quejitas. Como decía una
psicóloga que tuve de vez en cuando tenemos que decir que estamos bien aunque
no sea cierto para que así lleguemos a estar bien. Estoy bien, estoy bien, que
esa frase suene fuerte en nuestros adentros hasta que nos lo creamos. Es una
estrategia de la mentira, la senda de la falsedad, pero un falsedad positiva.
En este caso se igualan normalidad y mentira, pero es necesario para vivir, para
tirar hacia delante, para conservar intacta la esperanza como mejor podamos
tenerla. La esperanza, ésa a la que tanto me refiero en nis artículos porque
sin ella estamos acabados.
La senda de la normalidad nos
lleva a ser felices, por muy vulgar que pueda ser. La felicidad no es vulgar,
aunque pueda llegar a ser tremendamente simple. La normalidad nos da de comer
al alma y nos advierte de los peligros que la atacan antes de que puedan
hacernos daño. La normalidad es el impulso de vivir, las ganas de seguir
adelante por mal que nos encontremos. Si hay un día malo o muy malo, lo bueno
es que después viene otro que puede sorprendernos y darnos algo que nos llene.
Día a día, ésa es la clave para vivir con una enfermedad mental. La filosofía
del instante, de la ausencia de tiempo futuro en el tiempo presente, sin que se
anule el futuro. Pero vivir al día, tal como somos, intentando modificar las
cosas negativas o las cosas que nos producen alguna molestia o dolor.
Nadie ha dicho que la senda
de la normalidad sea fácil. Al contrario: está llena de adversidades, de cosas
que no nos gustan. Pero tenemos que ser fuertes y adentrarnos en el mundo del
autopoder, de lo que sabemos hacer aunque en principio no lo sepamos. En los
momentos difíciles es cuando más fuerza podemos extraer de nosotros mismos.
Somos más fuertes de lo que creemos. Y esa fortaleza interior nos debe ayudar a
seguir adelante cuando más seguros estemos de que no podemos dar un paso más.
Siempre se puede dar un paso más, hasta que el elefante llega a su destino y se
detiene para siempre. Ya sólo veremos su esqueleto y punto. Pues hasta que
llegue ese punto y final tenemos que ser luchadores, victoriosos sobre todo lo
que nos incapacite o produzca algún tipo de parálisis. Si lo normal es ser
feliz debemos seguir la senda de la normalidad porque ella nos llevará a los
mejores lugares hasta que acabemos como los elefantes, poniendo el punto final
a nuestra existencia cuando menos lo esperemos, sin previsibilidad ninguna.
Nadie sabe el día que va a morir. No somos elefantes. Por eso dejar de luchar
es absurdo porque podemos adelantar nuestra muerte y eso va contra la propia
naturaleza del ser humano. Luchemos, aunque nos cueste la misma vida. Pero así
conseguiremos la ansiada senda de la normalidad.
Todos necesitamos una horas
de luz, como diría el cineasta Manolo Matjí. Unas horas de luz para que nuestra
vida no sea esa senda de vulgaridad, sino de excepcionalidad. Luchar contra la
vulgaridad es una de las claves de la vida. Luchar contra la rutina y sus
muchos defectos. La luz nos enseñaría caminos nuevos, como a los elefantes.
Esas horas de luz nos indicarían el camino hacia el mundo de lo excepcional. Y
esta excepcionalidad puede ser lo que en la película del mismo título, Horas de
luz, el amor como fuente de inspiración
vital, como senda de optimismo hacia un universo distinto donde todo
tiene sentido.
Cuando estamos mal caminamos
por una senda de vulgaridad, pero
siempre podemos recordar el verso de Pablo Neruda: Otros días vendrán, que
también nos remite a otro cineasta, Eduard Cortés, que puso ese verso de título
a una de sus películas. Otros días vendrán y seremos distintos. Y en esos días
que están por venir conseguiremos por fin entrar en la senda de la normalidad:
el amor, la estabilidad emocional con uno mismo. Porque lo primero de todo es
el amor propio, la autoestima, la relación equilibrada con nuestro propio ser.
En la película eso es lo que pretende el protagonista: encontrar el amor y ser
feliz. Eso es la normalidad: encontrar lo que a cada uno le haga feliz, sin más
aditamentos ni cosas imprescindibles o necesarias.
Cuando hablo con mi hijo y le
pregunto cómo está suele responderme: normal. Cuando le pregunto por los
estudios me responde lo mismo: normal. Ésa es su normalidad. Él es feliz así
con lo que otro considerarían vulgaridad porque su vida no tiene nada de
excepcional en principio, salvo que consideremos a la felicidad como algo
excepcional. La senda de normalidad de mi hijo también le lleva al amor con su
pareja. Llevan cinco años juntos y lo van
celebrando poco a poco. Sale los viernes por la noche y de vez en cuando
los sábados y es feliz con eso y ya está. En el amor él no entiende de dolor.
Huye del dolor como de la peste. Eso me recuerda una película mejicana titulada
Amor, dolor y viceversa. No se puede amar sin experimentar algún tipo de dolor.
De ahí lo de viceversa. La clave de la vida empieza con el amor a uno mismo y
esto puede privarnos del dolor que aparece como imprescindible si lo
relacionamos con el universo de los sentimientos.
Vida y color es el título de
otra película de Santiago Tabernero. En ella nos habla de lo difícil que es
adaptarse a la vida en los suburbios, y yo diría de lo difícil que es adaptarse
a la vida en general. A la vida hay que echarle color, el que sea, pero que nos
identifique y nos produzca placer para que no pasemos por ella como seres
inadvertidos. En esta falta de inadvertencia está también la senda de la
normalidad unida a la vulgaridad. Tenemos que vivir intentando destacar en algo
pero no para presumir, sino para dar un sentido superior a nuestra existencia.
Es como la parábola de los talentos: tenemos que devolver a Dios los talentos
dados pero multiplicados a la vez. Como decía Robert de Niro en la película
dirigida por él Una historia del Bronx: no hay nada peor que el talento
desperdiciado. Y ésta es una de las claves de la senda de la normalidad:
exprimir los frutos que hemos recibido y llevarlos al final de la senda de los
elefantes con nosotros a quienes nos los ha proporcionado.
¿Y cuál es la normalidad de
un esquizofrénico, por ejemplo? Me remito a otra película de Xavier Villaverde
titulada Trece campanadas. En ella el protagonista es un joven escultor
esquizofrénico que en sus alucinaciones ve a su padre que le dirige en la
realización de su obra para que te termine la suya no finalizada. Él deja la
medicación y se pone mucho peor, violento, perverso, con tentaciones suicidas.
Al final vence el fantasma de su padre sin tomar medicación, aunque sabe que
debe tomársela. Y también lo salva el amor. Su normalidad es tomar la
medicación y realizar sus obras escultóricas acompañado de su pareja. Ésta
podría ser la pauta de normalidad de un esquizofrénico: las pastillas y una
ocupación, la que sea, la que más le beneficie o más placer le produzca.
Y en este artículo un poco
cinéfilo por las muchas referencias cinematográficas no podía faltar el título
de la última película de Jean Reno: El chef, la receta de la felicidad. ¿Existe
una receta para la felicidad? Es difícil ser feliz. Es difícil completamente.
Todos tenemos momentos de dicha de los que no queremos ni podemos prescindir
que nos facultan para ser seres
maravillosos por encima de nuestras trabas psicológicas o nuestras traumas de
infancia. Tenemos derecho a que la senda de la normalidad sea la senda de la
felicidad. Hemos nacido para eso: para ser felices. No podemos negar nuestras raíces
ni asesinar nuestros futuros, sean los que sean.
El otro día me sentía fatal
con la ansiedad y llamé a mi hermana. Le conté lo mal que me encontraba y me
contestó con una obviedad: Tranquilo, normalidad. Para mi hermana la senda la
normalidad pasa por el vencimiento de nuestras limitaciones, en este caso la
ansiedad. Pero resulta muy difícil superar la ansiedad cuando ésta se encuentra en su apogeo y nos
machaca inmisericordemente. La ansiedad no tiene misericordia con quien la
padece, por eso me cuesta tanto trabajo vivir y afrontar el día a día. La
ansiedad me machaca enormemente y me cuesta mucho trabajo seguir adelante. Pero
nadie ha dicho que la vida sea fácil. El juego de vivir es tremendamente duro.
Está lleno de trampas. La vida es tramposa y hace lo que puede para que no
podamos ir por la senda de la normalidad. Y ahora hablo estrictamente de
equilibrio psicológico, de equilibrio interior, de armonía con nuestras
facultades. Ésa es ni normalidad: la ausencia de ansiedad o la aceptación de la
ansiedad como mal menor que es otra forma de afrontar el problema. Algo así
como lo de si no puedes vencer a tu enemigo únete a él. Y llegar incluso a
decir pues me gusta la ansiedad o no es tan mala conmigo o tiene sus caras
positivas. La ansiedad me mantiene en alerta frente a la vida, aunque hace que
la vida no sea fácil. Pero no podemos pecar de quejitas. Como decía una
psicóloga que tuve de vez en cuando tenemos que decir que estamos bien aunque
no sea cierto para que así lleguemos a estar bien. Estoy bien, estoy bien, que
esa frase suene fuerte en nuestros adentros hasta que nos lo creamos. Es una
estrategia de la mentira, la senda de la falsedad, pero un falsedad positiva.
En este caso se igualan normalidad y mentira, pero es necesario para vivir, para
tirar hacia delante, para conservar intacta la esperanza como mejor podamos
tenerla. La esperanza, ésa a la que tanto me refiero en nis artículos porque
sin ella estamos acabados.
La senda de la normalidad nos
lleva a ser felices, por muy vulgar que pueda ser. La felicidad no es vulgar,
aunque pueda llegar a ser tremendamente simple. La normalidad nos da de comer
al alma y nos advierte de los peligros que la atacan antes de que puedan
hacernos daño. La normalidad es el impulso de vivir, las ganas de seguir
adelante por mal que nos encontremos. Si hay un día malo o muy malo, lo bueno
es que después viene otro que puede sorprendernos y darnos algo que nos llene.
Día a día, ésa es la clave para vivir con una enfermedad mental. La filosofía
del instante, de la ausencia de tiempo futuro en el tiempo presente, sin que se
anule el futuro. Pero vivir al día, tal como somos, intentando modificar las
cosas negativas o las cosas que nos producen alguna molestia o dolor.
Nadie ha dicho que la senda
de la normalidad sea fácil. Al contrario: está llena de adversidades, de cosas
que no nos gustan. Pero tenemos que ser fuertes y adentrarnos en el mundo del
autopoder, de lo que sabemos hacer aunque en principio no lo sepamos. En los
momentos difíciles es cuando más fuerza podemos extraer de nosotros mismos.
Somos más fuertes de lo que creemos. Y esa fortaleza interior nos debe ayudar a
seguir adelante cuando más seguros estemos de que no podemos dar un paso más.
Siempre se puede dar un paso más, hasta que el elefante llega a su destino y se
detiene para siempre. Ya sólo veremos su esqueleto y punto. Pues hasta que
llegue ese punto y final tenemos que ser luchadores, victoriosos sobre todo lo
que nos incapacite o produzca algún tipo de parálisis. Si lo normal es ser
feliz debemos seguir la senda de la normalidad porque ella nos llevará a los
mejores lugares hasta que acabemos como los elefantes, poniendo el punto final
a nuestra existencia cuando menos lo esperemos, sin previsibilidad ninguna.
Nadie sabe el día que va a morir. No somos elefantes. Por eso dejar de luchar
es absurdo porque podemos adelantar nuestra muerte y eso va contra la propia
naturaleza del ser humano. Luchemos, aunque nos cueste la misma vida. Pero así
conseguiremos la ansiada senda de la normalidad.
José Cuadrado Morales
ESTIMULA TU MENTE
Ejercicios de estimulación cognitiva. A partir del valor de cada letra, calcula mentalmente el valor total de cada imagen.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
NO RENDIRSE ANTE LAS ADVERSIDADES
A muchas personas les gustaría
saber y conocer lo que les depara el futuro es sus vidas y en la de los que más
te quieren, pero también, hay ocasiones en que las que preferimos no saber nada
y le damos la oportunidad al destino a ver que nos tiene preparado, ¿Quién sabe?
¿Verdad?
Lo importante es vivir el día a día, sabiendo, que los que más te quieren
siempre están ahí, a tu lado, para apoyarte
y darte
consejos en el caso de que los necesites.
En cuanto al tema laboral, somos perfectamente conscientes de lo difícil que
está, aunque siempre hay que luchar y luchar sin cesar, sin rendirte, hasta
conseguir tus frutos, tus metas, tus propósitos, que seguramente llegaran,
aunque ésto no se puede saber a ciencia cierta, la verdad.
Conservar las cosas buenas que tenemos en todos los aspectos e intentar mejorar
en algunos defectos o errores que cometamos es muy importante, ya que de esa
forma, nuestra autoestima se enriquecerá y aumentará, para que interiormente,
nos sintamos con más paz, más tranquilidad, mayor equilibrio emocional y también para sentirnos bien con nosotros mismos y con los demás.
La vida no suele regalar mucho la verdad, todo o casi todo nos lo tenemos que
forjar a base de esfuerzos y sacrificios, así es de siempre, pero de eso ya
somos conscientes.
En fin, no hay rendirse ante ninguna adversidad y hay que hacer frente a todos
los problemas que la vida nos vaya poniendo en el camino. Ser y sentirnos
fuertes, aunque no siempre podamos por la simple realidad, de que somos
humanos. Nuestro estado de ánimo, no puede estar siempre bien, tenemos nuestro
baches y altibajos, como el lógico y natural y es que la vida, no nos suele
tratar demasiado bien, la verdad.
Jaime Castillo
lunes, 26 de noviembre de 2012
EL CUADERNO DE MAYA. MI OPINIÓN
“El cuaderno
de Maya” es una intrépida historia que narra la vida de una adolescente que
entra en el mundo de la drogadicción y además se ve relacionada con un delito
Federal en los EEUU relacionado con la falsificación de billetes. Isabel
Allende (Perú 1942), autora del libro, hace que su protagonista, Maya, nos cuente en forma de confesión como
se desarrolla su vida desde que es criada por sus abuelos hasta que la historia
llega a su desenlace. Para ello utiliza un sinfín de personajes relacionados
con Maya que irán marcando el hilo de la
novela mientras ella utiliza un cuaderno como medio para expresar todo cuanto
le está sucediendo en el presente narrándolo en primera persona, en una isla
perdida de Chile, llamada Chiloé, para contaros su pasado como ex drogadicta y
alcohólica y hurgar en la historia reciente de Chile sobre el Golpe Militar y
la consecuencias que tuvo en el pasado y las huellas que ha dejado en los
chilenos que lo vivieron. El libro que empieza como las confesiones de una
adolescente que cuenta sus primeros contactos con las drogas y acaba atrapando
al lector por la pericia que tiene Isabel Allende de mantener la intriga y de
inventar historias hasta el final. Los temas que aborda los detalla con soltura
e irradian actualidad. Tendremos que leer el libro para saber que sucede con
Maya, si se recupera de su drogadicción, que sucede con el delito federal y
todas las historias paralelas que la autora ha creado en un libro del que podemos decir que nos muestra la gran
capacidad narrativa e inventiva de la autora
conectada a la realidad de nuestro tiempo.
Pedro Sánchez Morilla.
¿POR QUÉ MALTRATAS A LOS ANIMALES?
En principio la gente ve a los animales como a
eso…..animales. Pero la cosa no va por ahí, son seres (no personas) con
alma. Si tú los maltratas ellos no te lo tienen en cuenta, son generosos y
nunca te guardan rencor, pero no por eso
debes agredirles tú. Si a tu perrito lo tratas con amor no te imaginas
el cariño que te puede devolver, de echo
los animales que mas amor te dan y mejores compañeros se vuelven, son
los perros, gatos etc.……adoptados. Porque han vivido una mala infancia. Me explico:
si los han maltratado ellos lo guardan en su mente y si los adoptas y los mimas
el cambio es radical y el animal te lo agradece.
No tenemos imaginación de lo importante que son los
animales tanto los de compañía como los demás
en la cadena de la naturaleza.
A veces imagino que
al ver tanta maldad entre nosotros mismos cuan grande no es el maltrato a estas
pobres criaturas, indefensas.
¿Por qué nos empeñamos en no
respetarnos entre nosotros? ¿Y a ellos darle la importancia que
tienen?
YFC
viernes, 23 de noviembre de 2012
¡MANDA WEBS!
En el océano pacífico, aunque parece que también se está formando en el Atlántico, hay una
isla de basura, compuesta en su mayoría por plásticos, que se ha formado debido al giro de las corrientes
marinas que arrastra todos los residuos arrojados al agua. Su tamaño aproximado
es de 1.400.000 Km2, casi tres veces el tamaño de la península
ibérica.
Esta basura, estos plásticos, con el tiempo se desintegran
en trocitos muy pequeños, estos pequeños trozos son devorados por algunos
animales marinos como tortugas y medusas, que son devorados a su vez por
animales de mayor tamaño.
Quiero decir con esto que estos pequeños trozos de plástico
pasan a formar parte de la cadena alimentaría, es decir, que los peces pequeños
son ingeridos por peces más grandes que luego nosotros pescamos y de los cuales
nos alimentamos, o sea que nosotros nos comemos la propia basura que generamos. A pesar de su tamaño y densidad, esta basura es casi invisible para las fotografías tomadas por satélite y difícil de localizar por radar.
Para evitar esta cuestión esta el reciclaje, que consiste en
transformar y reutilizar la basura. Para que esto sea posible debemos de respetar
el color de los contenedores de basura,
que son : amarillo para los plásticos, verde para los cristales, azul para los
papeles, gris para la basura orgánica, contenedores para pilas, puntos SIGRE en
las farmacias para medicamentos, y otros puntos para reciclar la basura
electrónica.
Los gobiernos deberían de controlar que el reciclaje sea
correcto y sancionar a las fábricas y a las grandes empresas que no reciclen,
ya que a veces son estas entidades las que con sus desechos contaminan el aire
que respiramos, el agua que bebemos y los alimentos que comemos, también
deberían limpiar lo contaminado. Este
problema es muy grave y resulta increíble que los que mandan no hagan nada. ¡MANDA
WEBS!
Cecilia.
ESTIMULA TU MENTE
- Ejercicios de estimulación cognitiva. Descubre si son iguales o diferentes los elementos de las siguientes filas.
miércoles, 21 de noviembre de 2012
ESCUELA DE FUTBOL

Como estaba previsto, ayer tuvo lugar en el centro deportivo Santa Justa la jornada de escuela de fútbol dirigida por el técnico/entrenador D. Francisco Ruíz Farfan, que de manera desinteresada aceptó colaborar con los equipos participantes en la liga de fútbol sala “Unidos por el balón y la salud metal”. A pesar de la lluvia, que estuvo presente durante gran parte de la actividad, la respuesta de los jugadores ha sido muy buena, tanto por su número, en torno a 35 jugadores, como por la implicación de todos ellos. El entrenamiento comenzó con una serie de indicaciones, por parte de D. Luis, sobre el juego, la colocación en el campo y la importancia del trabajo en equipo. Posteriormente se inició el partido en el que el entrenador observando las características de cada jugador, hizo observaciones y planteo algunas jugadas de estrategia. En el descanso se dieron algunos ejemplos de ejercicios de estiramiento y calentamiento. En el segundo tiempo se cambiaron algunos jugadores y la actividad continuó con los consejos y apreciaciones del técnico.
De nuevo dar las gracias a Francisco Ruíz Farfán por su ayuda desinteresada y por habernos hecho pasar unos momentos inolvidables en los que, como es habitual en nuestro campeonato, el compañerismo, la diversión y el espíritu de superación han sido las notas predominantes. Lamentamos mucho que los equipo de Dos Hermanas, Osuna y HPP no pudieran asistir.
A continuación os mostramos algunas fotos del entrenamiento, recordando que todas las personas que aparecen en ellas han dado su consentimiento para publicarlas en este Blog.

Me gustaría hablar sobre los
móviles en general y sobre todo de los smartphone. Estos que tienen sistema
android, con muchas aplicaciones, más que un móvil de gama media y baja.
Consumen mucha más batería
que los móviles más simples con diferencia. Una de las aplicaciones más
interesantes que se pueden descargar es el whatsapp, de carácter gratuito, para
compartir fotos, videos, enviar mensajes y archivos del mismo móvil. Todo esto gratis
siempre que se haga a través de Wifi o teniendo incorporado una tarifa de
Internet en el Terminal.
La moda de los smartphone
está a la orden del día, mucha gente lo utiliza prácticamente en todos sitios y
es que ya se ha convertido en algo muy cotidiano.
Una de las cosas que a mí
personalmente más me cuesta, es teclear de forma rápida para enviar cualquier
mensaje, yo veo a la mayoría de la gente que utilizan los dos pulgares y escriben
con rapidez, pero a mí me resulta verdaderamente complicado.
Yo he tenido ya varios
móviles, por que me encantan, sobre todo la cámara para hacer fotos y que
tengan una buena pantalla, con muy buena resolución y nitidez contando también
con un buen sonido. Actualmente tengo un móvil bastante moderno con muchas
aplicaciones y con whatsapp, la verdad que ésta última es muy útil como he
comentado anteriormente y lo mejor de todo es que es ¡Gratis!.
Jaime Castillo.
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