lunes, 10 de octubre de 2011

“EL NIÑO DEL PIJAMA DE RAYAS” de John Boyne

Anoche acabé de leer el niño del pijama de rayas, es una novela que nos atrapa desde el principio. La visión del personaje principal es la perspectiva de un niño de nueve años y todo esta filtrado por la forma de pensar y razonar de este. Por este motivo se van descubriendo los elementos que forman la historia muy despacio y ello nos hace sentirnos cada vez con la necesidad de ir avanzando. El personaje principal, Bruno, confronta sus pensamientos con lo que observa y en el desarrollo de la narración se encuentra con una visión que es antagónica. Esta aquí el gran conflicto de la historia y el desarrollo final es la gran esencia del libro. Lo recomiendo desde aquí. Es una novela de las que marcan al lector.
En irlanda se llevo 66 semana como el más vendido en la lista de libros, y en España otras tantas.

Pedro S.M.

EL UNICORNIO

Además del que leáis el libro “El niño del pijama de rayas” os recomendamos que veáis este video que muestra una realidad que se vivió en la Segunda Guerra Mundial. Por suerte el video nos enseña que siempre el ser humano esta por encima de la barbarie y es capaz de superar cualquier obstáculo.



viernes, 7 de octubre de 2011

LOS TRES CERDITOS

Ayer por la mañana los integrantes del grupo de teatro “La ilusión”, formado por usuarios de la URSM que participan en los seminarios del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, representaron en la planta de pediatría del Hospital Macarena la obra de teatro infantil “Los tres cerditos”. El público estaba formado por cincuenta niños del Colegio público “Arias Montano” (que previamente habían realizado dibujos y redacciones contra el estigma asociado a la enfermedad mental), por algunos niños de la USMI (Unidad de Salud Mental Infantil) y por los pequeños ingresados en el hospital.
Fueron unos momentos divertidos y entrañables en los que lo más importante fueron las sonrisas y la alegría de los niños y la demostración más que palpable de que para desmontar estigmas hay que salir a la calle.







miércoles, 5 de octubre de 2011

RELACIONES TERAPÉUTICAS: REFLEXIONES IV


RELACIÓN ENTRE ENFERMO Y ESPECIALISTAS


Los que tenemos familia todavía (pues hay algunos compañeros que ya han perdido a la mayoría de sus seres mas queridos) además de en ellos nos apoyamos fundamentalmente en nuestros terapeutas. Lo que tratan de hacer los especialistas es que tengamos la mayor autonomía posible, eso si, sin dejar como digo de pensar en la familia pues las relaciones afectivas con ella realmente son muy importantes, más cuando en mi caso lo que te han diagnosticado es trastorno bipolar esquizoafectivo.

Mi relación con mi psicólogo es para mi muy importante, pues es al que tengo que contarle mis problemas diarios. Yo lo suelo ver cada mes o cada quince días, dependiendo de cómo me encuentre y de cómo me encuentre él. Las charlas suelen ser distendidas y los consejos abundantes por parte del especialista, en quién pongo toda mi confianza para mejorar diariamente. La parte que le toca al enfermo es para mi tan difícil como la que le toca al psicólogo, pues llevar a cabo sus indicaciones se hace siempre en la medida de lo posible ya que los efectos de la enfermedad merman mucho las facultades del enfermo, pero, eso sí, ahí está el psicólogo para armarse de paciencia como me ha ocurrido tantas veces y convencerte poco a poco del camino que debes seguir cuando te vienes abajo. Mi psicólogo me trata siempre como a un amigo al que hay que ayudar, no dejando en ningún momento que la imagen de enfermedad entorpezca la ayuda que te va a proporcionar. Por mi parte nunca falta el respeto que le tengo a mi psicólogo. En algunas ocasiones me ocurre que me agobio al no poder cumplir sus indicaciones, aunque, como digo, ahí está él para armarse de paciencia y concienzudamente, pero sin dejar que se note, hacer el seguimiento que debe llevar conmigo. A mi solo me han tratado los psicólogos de la unidad de rehabilitación (no he visto a ninguno privado) un total de cuatro. Creo que no solo el buen hacer sino la experiencia que tengan va a hacer que la relación sea lo mejor posible. Esa experiencia se consigue poco a poco y apoyándose en quien ya la tiene.

Llevo en tratamiento psiquiátrico desde los 31 años y tengo 45, un total de 14 años.
Me han visto muchos especialistas en psiquiatría durante este tiempo. Hoy lo más importante es el día a día. He tenido seis ingresos en estos 14 años. Durante este tiempo me han tratado especialistas de la seguridad social y privados, y conjuntamente; muchos de los que trabajan en la seguridad social tienen también su consulta privada. Durante los últimos años sólo me han visto especialistas en la seguridad social. En general mi trato con el especialista en psiquiatría ha sido siempre bueno, pero he cambiado con el paso del tiempo de unos a otros, unos por propia iniciativa mía y familiar, otros por parte de ellos y se puede decir que estando de acuerdo las dos partes en general, aunque cuando pasé a régimen ambulatorio de la seguridad social ya han sido ellos los que han decidido cuando era mejor seguir con uno y cuando mejor dejarlo y apoyarse en otro. El tratamiento farmacológico ha cambiado muchas veces a lo largo del tiempo, de manera que he tomado numerosos psicofármacos: antidepresivos, antipsicóticos, ansiolíticos e hipnóticos. Unos me han sentado mejor que otros y he tomado como digo muchos tipos, pero siempre durante un tiempo, y en cada ingreso me han cambiado la medicación. Los resultados podrían ser mejores en este aspecto aunque como decimos algunos parece que se cambia tanto de tratamiento porque “no dan con la tecla” como dice un compañero de enfermedad; también creo que debido a que las características particulares de la enfermedad cambian con el tiempo. Lo ideal sería tener una medicación para lagos tratamientos, pero aunque yo por ejemplo llevo estable más de tres años, y no he cambiado mas que en los últimos meses por una “bajona” que he tenido y sigo teniendo, los altos y bajos de la enfermedad hacen que se cambie de tratamiento cuando es preciso, siempre claro por decisión del especialista y a la vista éstos del estado en que se encuentra el paciente.

El tratamiento psicológico y psiquiátrico de los últimos años es conjunto, es decir, que psicólogo y psiquiatra se comunican uno con otro, poniéndose de acuerdo en lo que respecta a cada uno de ellos. Durante años no ha sido así, sino que solo me han visto psiquiatras. Mi opinión al respecto es clara: la labor conjunta de psicólogo y psiquiatra es la mejor que se puede encontrar para enfrentarse a la enfermedad.

J.O.H.

EL ESTIGMA


Con motivo de la jornada de puertas abiertas que se va a celebarar mañana en el Hospital Macarena de Sevilla, os mostramos uno de los textos que se van a leer en la mesa en la que va a participar nuestro blog. Este artículo ya fue publicado en el mes de febrero pero pensamos que merece la pena volverlo a leer.



Vivir supone con frecuencia mucho sufrimiento indeseado de muy variada etiología, desde un simple dolor de muelas hasta un cáncer, pasando por cualquiera de las múltiples enfermedades que nos acechan y destruyen, y los más variados síntomas que nos reducen a veces a una simple piltrafa que no sirve para nada. Pero existen otros dolores diferentes, aquellos que afectan al alma, al cerebro, al corazón, a los sentimientos, que son más difíciles de catalogar , pero que pueden ocasionar a veces más daño que los dolores que afectan al cuerpo y que son más visibles y evidentes.

Los dolores del alma y del cerebro son más invisibles, están más escondidos, se revisten de una piel diferente a todo lo demás y que suele sufrirse en silencio, en soledad. La enfermedad mental sigue siendo un estigma para nuestra sociedad. Está como prohibido el sufrimiento espiritual. El enfermo mental está estigmatizado, señalado por miles de dedos visibles e invisibles que lo apartan de la sociedad y lo introduce en una espiral autodestructiva cada vez mayor y que parece no tener fin.

Es muy peligroso confesar que se padece depresión o ansiedad. Y no digamos si se dice que la enfermedad mental que se padece es la esquizofrenia o algo peor. Entonces el estigma es mayor y el sufrimiento que genera es infinitamente más grande. No puede decirse que estás tomando medicinas para los nervios, que llevas un pastillero encima para que no se te pase ninguna toma porque si lo confiesas pareces un drogadicto, alguien que no puede vivir sin química. En silencio el dolor se agiganta y parece no tener fin. El enfermo, entonces, recurre a centros como la Unidad de Rehabilitación de Salud Mental del Distrito Macarena para la que estoy escribiendo este artículo donde no eres un extraño porque estás entre hermanos de angustia, gente que está harta de sentir un puñal epigástrico asesino y deseosa de gritar a los cuatro vientos que somos enfermos normales, que bastante castigo es tener ya la enfermedad como para tener que pedir perdón por padecerla.

A eso estamos obligados los enfermos mentales: a pedir perdón por estar mal, a justificar que no somos peligrosos, que la psicosis no hace daño sino a uno mismo y a nadie más. Es difícil buscar pareja cuando se padece una enfermedad mental. Damos miedo por nuestra sintomatología, nuestro andar pausado como si fuéramos zombis, gente inútil, espectros en la niebla del universo espiritual más amargo. Damos pena encima porque no comprenden cuánto se sufre cuando tenemos ganas de llorar y no podemos porque el pecho está tan oprimido que ni siquiera las lágrimas pueden salir del interior de nuestros corazones. Damos asco porque parece que en la sociedad simplemente tenemos el papel de parásitos que causan una escabechina a la Seguridad Social porque cobramos pensiones que parece que no nos merecemos cuando muchos, como yo, hemos cotizado una serie de años y tenemos derecho a una pensión contributiva. Y los que no, derecho a una pensión no contributiva porque aparte de comer espiritualmente tenemos derecho al alimento del cuerpo. Bastantes fuerzas de flaqueza tenemos que sacar diariamente para sobrevivir, a veces casi arrastrándonos, sin aliento.
Sin aliento y con el estigma de cargar con una enfermedad mental que nos convierte en solitarios crónicos o nos obliga a relacionarnos sólo con personas que padecen nuestra misma enfermedad. Pero en el mismo dolor está la esperanza para escapar porque se convierte en un escudo que nos protege de todas las agresiones externas y al final acabamos siendo más fuertes que los que están sanos entre comillas. El dolor mismo es la gasolina que nos sirve de combustible para tirar en el duro día a día en el que se convierte la vida, Hay que decir como John Rambo en la película Acorralado de Ted Kotcheff cuando el coronel Truman le pregunta cómo vivirá a partir de ahora. Y Rambo, siempre parco en palabras, responde: día a día.

Pues a eso invito a todas las personas estigmatizadas mental y socialmente: a vivir día a día, diariamente, sin pensar en el mañana, sólo en el hoy, en el ahora, en el aquí, en nosotros mismos y en nuestras propias y particulares limitaciones que pueden ser vencidas por una voluntad de hierro o cuando menos de bronce. Somos fuertes y fuertes seguiremos siendo hasta que la muerte nos alcance como a todos porque en eso no hay diferencia alguna que valga. Como me dijo una vez una amiga soy más fuerte de lo que creo. Y pienso que llevaba razón. Aquí estoy, padeciendo de los nervios desde los siete años. Y van cuarenta y dos. Y pienso seguir luchando, con estigma o sin él porque en el fondo soy un superviviente, un Rambo más que con una breve pero jugosa mochila siempre diré que viviré día a día, con un apoyo incondicional: el mío.

José Cuadrado Morales

ENTREVISTA PARA EL DIARIO DE SEVILLA

El otro Día tuvimos la agradable visita de dos chicas periodistas del diario de Sevilla en nuestra unidad, nos hicieron preguntas interesantes sobre nuestro blog, había muy buena onda, ellas también sintonizaron con nosotros la verdad que fue un rato muy agradable.
Aquí os dejamos una imagen de la edición impresa del artículo y el enlace para que podáis visitarlo en la página.


http://www.diariodesevilla.es/article/vivirensevilla/1080365/inquietudes/y/reflexiones/enfermo/psiquico.html

martes, 4 de octubre de 2011

¿PARA QUÉ SIRVE LA POESÍA?

Hace algunos años di una conferencia con este mismo título que causó gran expectación porque la poesía es la hermana pobre de la Literatura y a los que les gusta parecen avergonzarse de ello como si fueran unos marginados que están cometiendo un crimen o en menor medida un acto ilegal.
La poesía es una cuestión de amor, vocación y supervivencia. Amo la poesía porque ella me permite expresar con total libertad mis sentimientos sin ningún tipo de cortapisas. Es mi vocación desde que era un niño y empecé a escribir mis primeros garabatos poéticos con siete años. Y es una forma de supervivencia porque más de una vez la poesía me ha salvado la vida en momentos graves de ansiedad y depresión.
Yo sin poesía no podría vivir. La necesito para echar fuera todo lo que se me pudre dentro antes de que se convierta en un cáncer maligno que tenga la tentación de matarme. La necesito para endulzar mi vida cotidiana y todas las manifestaciones de dolor que se producen en ella. La necesito para superarme cada día como persona y ser lo mejor posible con mis semejantes y conmigo mismo.
Juan Ramón Jiménez buscaba la poesía pura que fuera suya para siempre. Yo busco también en la poesía lo mejor de mí y lo mejor de ella para provocar una simbiosis perfecta que permita la supervivencia de mi propio ser y el sentido de cada palabra que ponga en el papel.
Él le pedía a la inteligencia que le diera el nombre exacto de las cosas. Yo busco en las palabras el hermanamiento con la misma existencia. Es una forma de existencialismo poético que permita que todo aquello que tiene sentido no lo pierda en ningún momento y le pido a la inteligencia que me dé la capacidad de crear belleza con las palabras para que los lectores se unan a la simbiosis arriba reseñada y se forme una masa homogénea que explote en un ramillete de bellezas anónimas que nos produzca el mayor placer posible.
Él luchó toda su vida desde el Modernismo hasta la poesía desnuda con todas sus fuerzas para que se encontrara en un estado de éxtasis literario con las palabras y encontrar el mayor de los placeres posibles. Él nunca se avergonzó de esta tarea detenida y minuciosa y no se dejó vencer en ningún momento, ni siquiera cuando murió su esposa Zenobia Camprubí. Sin la poesía Juan Ramón hubiera muerto seguramente a la semana siguiente de su mujer, pero encontró en la palabra poética el sentido suficiente para seguir viviendo, la supervivencia a la que aludí antes.La poesía detiene la muerte, hace inmortal la vida, nos convierte en supervivientes con el objetivo esencial de crear belleza con morfemas y sintagmas.
Yo me levanto cada día pensando en cuál será el próximo poema que escribiré, es decir, la nueva razón para seguir adelante en este valle de lágrimas cristiano que acaba convertido en un valle de dichas porque cada poema es una razón para trepar por la existencia hacia un mundo donde todo lo hermoso está permitido. La poesía es una condición moral para justificar la misma vida, es una actitud ética antes todos los acontecimientos que hacemos, es nuestra conciencia de todos los momentos vividos en la oscura habitación que es nuestra vida.
La poesía no es una razón para morir ni para justificar la muerte como podría parecer leyendo a Bécquer. “Solitario, triste y mudo hallase aquel cementerio. Sus habitantes no hablan. Qué felices son los muertos”. No creo que los muertos sean felices y no creo que la felicidad resida en el deseo de morir. Para eso no sirve la poesía. Para morir no. Pero sí sirve para expresar nuestro deseo de morir si eso es lo que más nos impacta en nuestra vida y da sentido a nuestro proceder por este mundo.
La poesía es una forma de mostrar el amor y hacerlo visible a la persona amada. Para eso los poemas son las vías adecuadas para que salgan a la luz pública todos los sentimientos positivos que tenemos y que de otra forma se quedarían dentro de nosotros como soldaditos que van a la guerra de la soledad. La poesía combate esta soledad y convierte al vate literario poético en una persona siempre acompañada por las palabras y la infinita belleza que son capaces de transmitir. Es imposible sentirse solo teniendo a la poesía como compañera en el diario subsistir por la vida.
La poesía acompaña a la hora del café, del almuerzo, de la cena, cuando hacemos el amor, en todo momento. Amo la poesía porque me ayuda a vivir, a ser mejor persona, a entender mejor los sentimientos ajenos, en definitiva, la totalidad de la vida y de la muerte entendida como segunda vida, no como muerte absoluta y exterminadora.
Lean poesía si quieren sentir el amor, la vocación y la supervivencia. El amor para subsistir, la vocación de vivir y la necesidad de estar siempre vivos para que nunca nos atrape la muerte inmunda. La poesía sirve para todo esto y mucho más. Lean un libro de poesía y experimenten todas las cualidades que he desarrollado en este artículo y tendrán más ganas de vivir y verán el alrededor de una forma mucho más positiva. Que así sea.

José Cuadrado Morales

lunes, 3 de octubre de 2011

RELACIÓN TERAPEUTICA: REFLEXIONES III

Nuestros compañeros del TIC se han animado y tambien nos han enviado sus reflexiones sobre las relaciones terapéuticas.

"Conocí a la mejor persona del mundo para mi, a mi psiquiatra. Me encanto conversar con ella. Por Primera vez veía que me escuchaba y se tomaba mucho tiempo conmigo a pesar de su apretada agenda".

"El TIC es donde estoy ahora, yo se que no son mi familia, pero hubiera deseado una familia así.
Nos cuidan, nos aconsejan, nos animan, nos hacen participes de todo, nos hablan como adultos y mis compañeros son geniales. Yo soy casi la única chica que siempre voy. Ellos me hacen verlo todo en positivo y son mis profesores de la vida y mis compañeros en mi lucha diaria.
Por mucho que viva nunca podré demostrarles toda la gratitud que les tengo. Les debo tanto, somos pocos y ellos un equipo entero que lucha muchísimo, somos realmente afortunados".

"El psiquiatra con el que estuve 8 años, no me entendía, así cuando solicite un cambio me fue concedido de inmediato".

"El psiquiatra que tuve durante 8 años, me veía cada 4 meses, me dedicaba muy poco tiempo, si tenia acompañante, le preguntaba a ella, yo casi no hablaba, y el no se esmeraba en que le contara mis problemas".

VIAJE A GUINEA (SEGUNDA PARTE)

Mi marido había estudiado parte de la carrera de medicina en Camerún en francés y luego se vino a España a la Universidad Complutense de Madrid. Se especializó en naturopatía. Él quería a toda costa hablar con el Presidente para abrir allí una clínica natupata ya que con este tipo de medicina no habría necesidad de curar con fármacos tradicionales, muy caros e inaccesibles para la mayor parte de la población de Guinea en aquella época. Tan variada es la flora de su país que de ella se podían sacar muchos principios activos necesarios para la curación de muchas enfermedades que él ya conocía por las enseñanzas de su padre que era hechicero del pueblo donde nació.
Su padre curaba a toda la gente utilizando mezclas de distintas plantas.
Yo salía a pasear por las tarde con mi hija y tenía que taparla con un tul porque los mosquitos allí no picaban, daban bocaos. Además era peligrosa su picadura porque podían transmitir el paludismo y la malaria. No podía salir sola, siempre lo hacía con mi marido, porque era muy peligros, ya que por el mero hecho de ser blanca me podían atacar. Tal era el odio que muchos de los Guineamos nos tenían a los españoles por haberlos colonizado durante muchos años. Una vez un soldado de uniforme, creo que bebido, me ataco dándome porrazos con la culata de su fusil, por suerte mi marido me defendió y consiguió que no pasara nada, yo personalmente temí por mi vida, las pasé canutas.
Un día del mes de diciembre de 1979, los Príncipes de España, ahora Reyes Juan Carlos y Sofía, hicieron una visita oficial a Obiang. Ya que estaban allí la embajada ofreció una recepción con ellos a todos los españoles que vivíamos en Malabo. En la recepción nos dieron un tapeito, que por cierto cogimos con muchas ganas y luego nos saludaron uno a uno a los asistentes, preguntando por cual era nuestra situación allí y los motivos que nos llevaron allí. Yo estuve a punto de decirle a la reina que si me podía volver con ella a España, pero por respeto me quede con las ganas.
Yo quería regresar porque no me encontraba bien ni física ni psicológicamente.
El mismo carpintero que talló una estatua que representaba a un hombre y a una mujer para regalársela a los reyes nos hizo a nosotros, del mismo material, palo de rosas, una joya vegetal, unas que cabezas muy bonitas que todavía conservo.
Yo, para pasar el tiempo me dediqué a dar clases de guitarra a un chaval de 15 años que tenía muchas ganas de aprender pero esta historia os la contaré mas adelante….

CUENTATE UN CHISTESITO



En nuestra sección de cuentate un chistesito, hemos recibido un chiste de un seguidor anónimo del blog. Aquí lo publicamos para que lo disfruteis.

Un hombre se encuentra a un amigo por la callle, y ve que tiene un aspecto horrible.
-Pero tío, ¿qué te pasa? Estás pálido, demacrado, ojeroso, andas encorbado, ¿has ido al médico?
-¿Al médico? Estás loco? ¿Con la pinta que tengo? Menuda impresión voy a dar...