lunes, 6 de julio de 2026

EL FINAL FELIZ DE UNA CUERDA

 Si la muerte llega a mis manos, no lloréis en vano; memorad los instantes felices que estuvisteis junto a mí. Dejad el sendero libre, donde pueda caminar con tan rauda rapidez que no me pueda alcanzar esa infame soledad que me acompaña siempre, sin dejarme respirar ni percibir el aroma de las flores que tan bellas están. Quiero oír el canto de los pájaros con su alegre trinar y, con palabras calladas, sentir mi alma sanar. Alegraos de mi partida porque es mi voluntad. Pensad que fue un breve sueño del que desperté, al descubrir que mis ojos no podía veros más.

Yo, por momentos, la anhelaba, y apareció junto a mí. Me habló con su voz fúnebre, susurrándome al oído: «Solamente paso a saludarte porque sé que piensas en mí cada día. Pero aún no puedo llevarte conmigo porque eres necesaria en la vida, para ayudar a tus seres queridos a sanar sus herida».

Encarnación Blanco.


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