viernes, 17 de febrero de 2017

LA MEDICACIÓN

Hoy voy a tocar un tema de los más delicados de la salud mental: la medicación. Yo tengo problemas de nervios desde hace muchísimos años, desde que era un niño. Mis padres me llevaron a un neuropsiquiatra que trataba a mi padre cuando tenía sólo 7 años.
Al principio yo no quería tomar en absoluto ninguna medicación. Leía los prospectos y me daban mucho miedo las medicinas por el tema de los efectos secundarios. Eran interminables. Estaban clasificados según su naturaleza y me afectaban enormemente y no quería tomar medicinas, adaptadas a mi edad, claro.
Los psiquiatras insistían claramente en que no leyera los prospectos. Que los prospectos eran meras indicaciones, que no tenía por qué padecer los efectos que se detallaban en el papel.
Pasaban los años y seguía sin tomar medicación por culpa de los posibles efectos secundarios. Y todo fue hasta que toqué fondo, estaba muy mal y me ingresaron en la Unidad de Psiquiatría del Hospital Universitario Virgen Macarena. El ingreso estuvo justificado parcialmente por la ruptura con  una mujer con la que vivía que me afectó mucho y empeoró mi estado depresivo y mis problemas viejos de ansiedad.

Entonces decidí (ya era mayor) no leer los prospectos y tomarme la medicación. No dejarme influenciar por lo que ponía el papel y tirar hacia delante. Estaba cansado de llorar y tenía que dar un giro radical a mi vida. Pensé que el punto de inflexión podía ser la toma de los medicamentos. Me puse mejor. Ya no podía llorar porque los medicamentos me lo impedían. Ya no dormía en el suelo como me pasaba muchas veces cuando estaba en estado depresivo. Tenía más ilusión por hacer cosas. Se redujo bastante mi nivel de ansiedad y mi grado de angustia. Y todo debido a las pastillas. Éstas no curan, pero alivian los síntomas. Mis psiquiatras estaban cansados de decírmelo, pero yo no les hacía caso. Pero en el Hospital decidí que había llegado el momento de dar un giro a mi vida y tomarme la medicación y, literalmente, que fuera lo que Dios quisiera.
Al salir del Hospital seguí sin leer los prospectos y tomándome las medicinas. Empeñé mi palabra de honor con el psiquiatra que me trató en el Hospital. Me fue bien. Y tenía algunos de los efectos secundarios que decían los prospectos que yo había leído antes, pero seguí tomándome lo que me habían recetado. Tenía que dar una oportunidad a estos medicamentos, como se la había dado a otros medicamentos que también tenían efectos secundarios. Hasta una simple aspirina tiene efectos secundarios y no se le tiene tanto miedo.
Me sentí feliz al notarme mejor, a pesar de los efectos secundarios. Reconozco que pasé momentos muy malos: la somnolencia, el sueño literal, el quedarme dormido en cualquier sitio, el temblor, los sudores y tantos efectos me agobiaban, pero ponía en la balanza los beneficios y los perjuicios y ganaban los beneficios. Apliqué este simple ejemplo para seguir adelante con los medicamentos.
Ahora, cuando me hacen los cambios de medicación, no leo los prospectos. Tampoco los tiro por si los necesito en algún momento. Pero es que tampoco leo los prospectos de otros medicamentos de otras enfermedades que padezco. Antes leía obsesivamente los prospectos y ahora paso radicalmente de ellos. He cambiado totalmente de postura y confío más en los distintos profesionales que me tratan. Tengo más confianza en mí mismo y eso influye enormemente a la hora de no leer los prospectos.
El tema de los prospectos afecta a multitud de pacientes con problemas de salud mental. Lo veo en la Ura Macarena cuando hablamos del tema y sale ese miedo a los efectos secundarios, entre otras cosas porque afecta a la vida sexual, las alteraciones hormonales y otros temas que son especialmente delicados.
Una antigua enfermera de la Ura decía literalmente que teníamos que tomar la medicación como si fuera nuestra segunda comida. Y recuerdo una película titulada Mister Jones, protagonizada por Lena Olin y Richard Gere, en la que Lena era una psiquiatra que le decía a Gere que su problema psiquiátrico se arreglaba con dos cosas: con cariño y con medicación que procuraba resolver las alteraciones químicas que tenía su organismo. Esto siempre me ha llamado la atención y muchas veces, cuando me tomo las pastillas, recuerdo la escena en que la psiquiatra hace ese comentario. Y es cierto: las alteraciones químicas del cerebro de los enfermos mentales provocan enfermedades y se curan con medicamentos, como pasa con cualquier otra enfermedad. Los problemas nerviosos no son una excepción. Y la industria farmacéutica invierte mucho dinero en la investigación de nuevos medicamentos para las enfermedades mentales porque son muchos los pacientes y le compensa la inversión. Naturalmente después los beneficios son enormes.
Las pastillas son vitales para la calidad de vida de los pacientes con problemas de salud mental. Y ya no me asombra decir esto porque llevo tomando con regularidad fiel medicamentos de nervios desde hace 8 años cuando me ingresaron por primera y única vez.
Poco a poco, y dada la evolución rápida de los medicamentos de nervios, va superándose este estigma de las enfermedades mentales. Ya no hay tanto miedo a decir que se toman pastillitas de nervios. Poco a poco se van integrando en la vida cotidiana y se toman como quienes toman medicamentos para otras enfermedades.
Hace unos días, viendo la telenovela que ya he comentado aquí El secreto de Puente Viejo, un psiquiatra hizo un comentario que habla del estigma que ha tenido siempre la enfermedad mental. Comentaba el psiquiatra que todo el mundo entendía que se curase un brazo roto, pero que pocos entendían que se tratase una enfermedad mental porque consideraban que era algo muy raro. Y la serie está ambientada en el año 1924, es decir, hace casi un siglo. Hemos avanzado mucho y las cosas han cambiado y ya no hay tanto miedo a decir que vamos al psicólogo o al psiquiatra o decir que estamos tomando medicinas para los nervios.
Yo actualmente estoy tomando un tratamiento que cada vez tiene menos efectos secundarios, bien porque ya me he acostumbrado o bien porque los medicamentos han evolucionado y objetivamente no tienen los efectos que tenían antes.
Estoy tomando un antipsicótico, no porque tenga problemas de psicosis o esquizofrenia, sino porque según me ha comentado el psiquiatra los antipsicóticos se han demostrado que son eficaces en ciertos trastornos depresivos. Y así ha sido. Se trata de Ziprasidona 40 miligramos, una cápsula por la mañana. Al principio lo pasaba fatal porque me quedaba dormido en cualquier sitio. Se me pasaban las paradas del autobús, me quedaba dormido en los bares leyendo la prensa, etc… Pero con el paso de los meses los efectos se han ido disipando y ahora me encuentro francamente bien con esta pastilla.
También tomo un antidepresivo llamado Escitalopran de 30 miligramos. Lo normal es tomarlo de 20, pero debido a mi problema es más eficaz con una dosis más alta. Mi problema es el TOC, es decir, el Trastorno Obsesivo Compulsivo. Me cuesta mucho bregar con esta enfermedad, lo paso francamente mal, pero voy mejorando, con una lentitud exasperante, pero lo que está claro es que no voy a peor con la enfermedad.
Tomo igualmente otro antidepresivo llamado Mirtazapina de 15 miligramos. Tomo, como el Escitalopran, una sola pastilla. Si el Escitalopran es por la mañana la Mirtazapina es por la noche. Así estoy todo el día controlado. La Mirtazapina tiene una cosa buena también añadida según me comentó uno de mis psiquiatras: que tienen efectos sedantes y ayuda a dormir, por eso se toma por la noche. Me va muy bien con la Mirtazapina.
Tomo también Clorazepato Dipotásico, el más conocido como Tranxilium, de 10 miligramos por la mañana y de 15 miligramos por la noche para que me ayude también a dormir. Todo el mundo conoce el Tranxilium y es muy eficaz. Me produce un poco de sueño de día, pero sus beneficios son mayores.
Tomo también Alprazolan de 1 miligramo por la noche, para controlar mis niveles de ansiedad y que me ayude a dormir. Llevo tomándolo mucho tiempo porque, por razones que desconozco, nunca me ha dado miedo tomar los ansiolíticos, a pesar de las cosas que ponían los prospectos. No sé por qué.
 Tomo también por la noche Lormetazepan de 2 miligramos, que es un hipnótico para producir sueño. Dura su eficacia para hacer efectos dos horas después de tomarse y puede garantizar hasta 8 horas de sueño. Yo, sinceramente, duermo poco. 4 o 5 horas como mucho. Eso hace que muchas veces me quede dormido de día en un bar desayunando como me ha pasado hoy mismo o en casa cuando estoy viendo la televisión. No pasa nada. Tampoco es una tragedia. Otras personas tienen otros problemas. Yo tengo el del sueño. Reconozco, para no engañaros, que no me importa despertarme de madrugada y levantarme porque me viene bien para escribir de noche que es uno de mis momentos del día favoritos para hacerlo.
Si no me falla la memoria ésta es toda mi medicación. Tengo fe en ella y tengo fe en la psiquiatra que me trata y en la psicóloga que me ve. Es fundamental esto también para que sean eficaces los tratamientos: que creas  en la persona que te lo pone. Y yo confío en mi psiquiatra y considero que pone todo su interés en ajustar la medicación todo lo que es necesario.
Y así llevo 8 años desde mi ingreso. Fue una de las cosas positivas: que le perdí el miedo a los prospectos, a las medicinas de nervios. No quería volver a tocar fondo, a sentirme como me sentía un trapo. Quiero ser una persona válida para mí mismo y para la sociedad en la que estoy integrado porque no me siento excluido de ella. Estoy escribiendo actualmente una novela que trata entre otras cosas de los problemas de los enfermos mentales. Su título ya lo dice todo: Monólogo en clave neurótica. Espero publicarla el año próximo después de estar durante diez años seguidos publicando un libro de poemas cada año. Ahora ya me ha pasado a la prosa.
 Espero que este artículo le sirva a todas las personas que tienen miedo a tomarse medicamentos para nervios. No pasa nada. Todas las medicinas, insisto, tienen efectos secundarios, y a veces más serios que los de las medicinas de nervios. Los efectos son positivos y vuelvo a decir que es mucho el dinero que invierte la industria farmacéutica y cada vez son menos los efectos secundarios.
Miremos el futuro con positividad y pensemos que, además de estar cada vez más integrados en la sociedad por la progresiva desaparición del estigma de la enfermedad mental, los enfermos mentales tenemos la suerte de que se preocupan por nosotros y cada vez son más buenos los medicamentos. Es la mejor postura para mí para enfrentarse a una enfermedad mental, que tampoco es una tragedia porque, sin ánimo de consolarme infantilmente, hay enfermedades peores. Salud y suerte.


José Cuadrado Morales

3 comentarios:

Hospital de Dia dijo...

Interesante lectura de un asunto que a veces es polémico. Nos alegra que tu experiencia haya sido positiva y que la medicación te ayude y pronto podamos leer algo de tu libro¡ Un abrazo

Anónimo dijo...

Queridos amigos del Hospital de Día: gracias por vuestro comentario, que me anima a seguir trabajando pensando en los lectores fieles como vosotros. Mi experiencia con la medicación en efecto ha acabado siendo positiva, pero no siempre fue así. Han tenido que pasar muchos años para abrirme los ojos. Pero, en fin, todo llega. Mi libro ya se está pasando a limpio y pronto estará en la editorial, así que si Dios quiere verá la luz aproximadamente alrededor del próximo verano. Gracias por tener el detalle de acordaros de mi libro Monólogo en clave neurótica. Un saludo muy cordial de vuestro fiel amigo José Cuadrado.

Blog Unidad Rehabilitación Salud Mental Hospital Macarena dijo...

Pepe, yo cuando empecé a tomarme la medicación no leía los prospectos mas que por encima y no me preocupaba del todo de los posibles efectos secundarios. Cuando comence a venir a la Unidad empece a leermelos con mas detenimiento. Es bueno conocerlos. Que vaya bien tu libro. Aquí me tienes para intentar leerlo. Un saludo

Jesús