viernes, 14 de octubre de 2011

COTILLEO

“El cotilleo”, en el sentido de la palabra: poner demasiado interés sobre todo en escuchar conversaciones de las demás personas, lo veo muy crítico, o sea lo veo mal. Hay una frase que quizás tenga algo que ver con este tema y que refleja mi opinión: no juzgues y no serás juzgado.
En mi caso por ejemplo, el hecho de mi enfermedad causa en algunas personas un interés o una opinión personal de mí, ya sea negativa o positiva depende de la comprensión de cada uno.
En general creo que sobre todo la sociedad de hoy es el mayor ejemplo del cotilleo. y creo que los medios de comunicación tiene parte de culpa, por ejemplo: la prensa sensacionalista o la televisión- basura.
Creo además que la inculta y la baja calidad humana, en mayor parte, que hay en la gente de hoy, se debe al exceso de interés por lo ajeno o en el caso contrario, por el desinterés.
Es cierto que en la viña del Señor hay de todo y no hay que generalizar, pero lamento tener que decir que si las personas que se consideran cristianas y de mucho ente deberían comprender que hay otro mundo más allá de Belén Esteban y su lenguaje “superpulgar”.

Buscando más en el interior de las personas y tocando otro tema no muy diferencial a este, hay que decir que hay otro mundo también más lejos de los intereses adquisitivos y pecuniarios de cada uno. Es decir un mundo donde haya amor, amistad, respeto y comprensión.

FRANCISCO J.

jueves, 13 de octubre de 2011

TARTA DE QUESO

CON QUESO DE UNTAR:

INGREDIENTES

• ½ Litro de nata
• 125 gr Queso untar
• 5 Huevos
• 2 Yogur natural
• Azúcar, ½ de yogur como medida
• Maizena, 1 de yogur como medida

CON QUESO EN PORCIONES

INGREDIENTES

• ¼ Litro de agua
• 8 Quesitos en porciones
• 4 Huevos
• 1 yogur natural
• Azúcar, 1 vaso de yogur como medida
• Harina, 1 ½ vaso de yogur como medida
• Leche, 2 vasos de yogur como medida


PREPARACION

Se echan todos los ingredientes juntos en la batidora, mezclarlos muy bien hasta obtener una pasta homogénea, a continuación echar en un molde (anteriormente cubierto de mantequilla y harina) para meterlo al horno durante 30 a 45 minutos, a 180ºc.
Dejar enfriar y desmoldar.



LISTO PARA COMER

lunes, 10 de octubre de 2011

RELATO

EL INSOMNIO DE MARTÍN PLATA



Cuando cae la noche Martín Plata no puede dormir. Durante todo el día hace tareas para estar agotado y así, cuando caiga la noche, el cuerpo, rendido por el esfuerzo del día, sea vencido por el cansancio y tenga, a buen merecer, el descanso que requiere. Pero su cuerpo no responde a los planes que Martín Plata idea durante el día. Cuando cae la noche Martín Plata no puede dormir. Padece de un infatigable insomnio que no le da respiro y lo mantiene en vela toda la noche.
Consumido por el exhausto esfuerzo se tumba en la cama mirando el techo. Ha cenado algo ligero. No es persona de comer mucho por la noche porque no anda bien del estómago y no hace buenas digestiones y si cena demasiado se le hace una bola en la barriga que le produce mayor incomodidad durante la maltrecha madrugada. Sabe que esta noche será otra noche larga y fatigosa donde luchará por dar una cabezada y donde probablemente fracasará. Tumbado en la cama boca arriba, los dos brazos cruzados sobre el pecho y las dos piernas estirada con la vista clavada en un punto que bien podía ser el infinito si Martín Plata fuera un hombre de pensamientos profundos, pero es más de ideas prácticas por lo que abre y cierra los ojos con asiduidad, sin dejar que estos recorran el camino de lo eterno. Sus pensamientos fluyen más por derroteros terrenales. Piensa en que mañana es jueves le toca la ruta de la sierra norte. Tiene que salir temprano. No es que el se levante temprano, es que no se duerme en toda la noche y por lo tanto cuando llega la hora de levantarse Martín Plata está como un clavo de pie, tomando un café y listo para salir a trabajar. Pero esto del insomnio no puede dejarlo más. Tiene que hablar con un medico. No puede dormir una hora y media que duerme de siesta a medio día, si es que llega a una hora y media.
No sabe que postura coger. Ya se canso de estar boca arriba y se pone ahora boca abajo, agarrando la almohada con un brazo. Se tapa con la sabana aunque no hace frio. Martín Plata lleva un rato dando vueltas sobre la cama, incómodo e inquieto. Sufriendo las inclemencias de insomnio, las despiadadas garras de la vigilia. El desvelo le hace encender un cigarrillo y para eso tiene que encender la luz. La enciende y se sienta en el borde del colchón. No quiere ni mirar la hora, eso le desmoraliza aún más, le hace más pesada la fatiga. El cigarro le sienta bien. Apaga la luz. Piensa que en veinte minutos no se va a dormir. No recuerda donde pero ha leído que el tabaco es un excitante y que los veinte siguientes minutos después de un cigarrillo las pulsaciones se aceleran y aumenta el ritmo cardiaco. Con esa idea se va relajando y parece entrar en un estado de sopor. Pero ese estado de sopor es pasajero. Le sucede tres o cuatro veces durante la noche. Es una especie de letargo en el que parece que la vigilia se va a romper y por fin Martín Plata caerá en los brazos de Morfeo y, ante tal excitación, el insomne se exalta y pierde la modorra. Es el perro que se muerde la cola.
Martín Plata ve como sigue pasando la noche y el sigue con ojos de buho, rojos de exaltación, sigue de vigilante y de testigo de una noche en que la luna tiene un color plomo parecido al color de una bala. Asocia ese color a la muerte y esta al descanso eterno y se pregunta como será la vida en el más allá. Como hemos dicho antes, Martín Plata no es hombre de hacerse grandes preguntas o preguntas que puedan ser recordadas por su trascendencia pero parece que el color bala de la luna le ha hecho reflexionar sobre la muerte, que se imagina como un eterno descanso, como un gran remanso de paz. Piensa en ella en un estado en donde no hay ataduras terrenales ¿cómo imaginar este concepto? El hombre puede desprenderse de la idea de no tener sentidos ni necesidades. Es como enfrentarse a la idea vacío. Martín Plata intenta con todas sus fuerzas imaginar el vacío y se ve frente a un agujero negro, frente a la antimateria, ante una espiral en el espacio. La muerte le esta llevando a estas visualizaciones. Se ve a algunos conocidos delante de un ataúd levantado del suelo, sostenido por una tarima, sobre un césped verde y llorando al difunto. Se acerca más a la escena y se da cuenta de que es él quien está dentro del ataúd. Intenta levantarse pero no puede incorporarse, los miembro de su cuerpo no le responden. Lo intenta de nuevo pero parece que está como entumecido, tan solo puede hacerlos mover un poco, no le responden en su totalidad. Entonces intenta gritar pero no le sale la voz. Intenta gritar a su padre que está junto al ataúd pero, al mover la boca no emite sonido. Martín Plata empieza a ponerse nervioso. Vuelve a intentarlo gritando ahora con todos sus pulmones pero obtiene idéntico resultado. Nada de nada. Se pregunta cómo es posible. Se acerca un sepulturero y cierra el ataud. Se hace la oscuridad y todo queda apagado. No se ve ni se siente nada. Martín Plata se asusta. Entones se da cuenta de que lo que está teniendo es un mal sueño, una pesadilla y hace intento por despertarse. Mueve los músculos para que con el movimiento salga del amodorramiento. Pero de momento solo siente que se mueve el cuello y las piernas. Todavía sigue en el sueño. Siente como le bajan al fondo de la fosa donde va a ser enterrado y escucha las primeras palas de arena caer sobre el ataúd. Sigue moviendo el cuello y las piernas con la esperanza de ser despertado antes de ser enterrado en vida. Y de repente despierta con una bocanada de aliento que lanza al aire. Siente alivio, por poco muere. Han faltado segundos para ser enterrado en vida con insomnio y en una mala pesadilla en el momento que dábamos una pequeña cabezada en el instante en que se supone nuestro cuerpo debía de sentirse agradecido por el descanso.
Se le han quitado las ganas de seguir intentando dormir. La pesadilla le ha marcado. Ha sentido mucho agobio y ahogo. Verse encerrado en el ataúd le ha dado una sensación de falta de aire que lo que necesita ahora es vestirse y salir a la calle. Se pone ropa de vestir y decide ir a tomar un café. Son las cuatro y media de la madrugada. Sabe que locales encontrará abiertos. Para ellos se encamina. Se acabaron los intentos por dormir esta noche. Mañana será otro día. Ya habremos olvidado el susto.
Martín Plata se ha relajado un poco pero no ha conseguido dormir mucho. Tan sólo ha pegado la cabezada de la pesadilla donde lo enterraban vivo. Todo esto lo piensa mientras toma su cortado en la cafetería. Una noche más ha sido vencido por su insomnio.

La pluma negra

“EL NIÑO DEL PIJAMA DE RAYAS” de John Boyne

Anoche acabé de leer el niño del pijama de rayas, es una novela que nos atrapa desde el principio. La visión del personaje principal es la perspectiva de un niño de nueve años y todo esta filtrado por la forma de pensar y razonar de este. Por este motivo se van descubriendo los elementos que forman la historia muy despacio y ello nos hace sentirnos cada vez con la necesidad de ir avanzando. El personaje principal, Bruno, confronta sus pensamientos con lo que observa y en el desarrollo de la narración se encuentra con una visión que es antagónica. Esta aquí el gran conflicto de la historia y el desarrollo final es la gran esencia del libro. Lo recomiendo desde aquí. Es una novela de las que marcan al lector.
En irlanda se llevo 66 semana como el más vendido en la lista de libros, y en España otras tantas.

Pedro S.M.

EL UNICORNIO

Además del que leáis el libro “El niño del pijama de rayas” os recomendamos que veáis este video que muestra una realidad que se vivió en la Segunda Guerra Mundial. Por suerte el video nos enseña que siempre el ser humano esta por encima de la barbarie y es capaz de superar cualquier obstáculo.



viernes, 7 de octubre de 2011

LOS TRES CERDITOS

Ayer por la mañana los integrantes del grupo de teatro “La ilusión”, formado por usuarios de la URSM que participan en los seminarios del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, representaron en la planta de pediatría del Hospital Macarena la obra de teatro infantil “Los tres cerditos”. El público estaba formado por cincuenta niños del Colegio público “Arias Montano” (que previamente habían realizado dibujos y redacciones contra el estigma asociado a la enfermedad mental), por algunos niños de la USMI (Unidad de Salud Mental Infantil) y por los pequeños ingresados en el hospital.
Fueron unos momentos divertidos y entrañables en los que lo más importante fueron las sonrisas y la alegría de los niños y la demostración más que palpable de que para desmontar estigmas hay que salir a la calle.







miércoles, 5 de octubre de 2011

RELACIONES TERAPÉUTICAS: REFLEXIONES IV


RELACIÓN ENTRE ENFERMO Y ESPECIALISTAS


Los que tenemos familia todavía (pues hay algunos compañeros que ya han perdido a la mayoría de sus seres mas queridos) además de en ellos nos apoyamos fundamentalmente en nuestros terapeutas. Lo que tratan de hacer los especialistas es que tengamos la mayor autonomía posible, eso si, sin dejar como digo de pensar en la familia pues las relaciones afectivas con ella realmente son muy importantes, más cuando en mi caso lo que te han diagnosticado es trastorno bipolar esquizoafectivo.

Mi relación con mi psicólogo es para mi muy importante, pues es al que tengo que contarle mis problemas diarios. Yo lo suelo ver cada mes o cada quince días, dependiendo de cómo me encuentre y de cómo me encuentre él. Las charlas suelen ser distendidas y los consejos abundantes por parte del especialista, en quién pongo toda mi confianza para mejorar diariamente. La parte que le toca al enfermo es para mi tan difícil como la que le toca al psicólogo, pues llevar a cabo sus indicaciones se hace siempre en la medida de lo posible ya que los efectos de la enfermedad merman mucho las facultades del enfermo, pero, eso sí, ahí está el psicólogo para armarse de paciencia como me ha ocurrido tantas veces y convencerte poco a poco del camino que debes seguir cuando te vienes abajo. Mi psicólogo me trata siempre como a un amigo al que hay que ayudar, no dejando en ningún momento que la imagen de enfermedad entorpezca la ayuda que te va a proporcionar. Por mi parte nunca falta el respeto que le tengo a mi psicólogo. En algunas ocasiones me ocurre que me agobio al no poder cumplir sus indicaciones, aunque, como digo, ahí está él para armarse de paciencia y concienzudamente, pero sin dejar que se note, hacer el seguimiento que debe llevar conmigo. A mi solo me han tratado los psicólogos de la unidad de rehabilitación (no he visto a ninguno privado) un total de cuatro. Creo que no solo el buen hacer sino la experiencia que tengan va a hacer que la relación sea lo mejor posible. Esa experiencia se consigue poco a poco y apoyándose en quien ya la tiene.

Llevo en tratamiento psiquiátrico desde los 31 años y tengo 45, un total de 14 años.
Me han visto muchos especialistas en psiquiatría durante este tiempo. Hoy lo más importante es el día a día. He tenido seis ingresos en estos 14 años. Durante este tiempo me han tratado especialistas de la seguridad social y privados, y conjuntamente; muchos de los que trabajan en la seguridad social tienen también su consulta privada. Durante los últimos años sólo me han visto especialistas en la seguridad social. En general mi trato con el especialista en psiquiatría ha sido siempre bueno, pero he cambiado con el paso del tiempo de unos a otros, unos por propia iniciativa mía y familiar, otros por parte de ellos y se puede decir que estando de acuerdo las dos partes en general, aunque cuando pasé a régimen ambulatorio de la seguridad social ya han sido ellos los que han decidido cuando era mejor seguir con uno y cuando mejor dejarlo y apoyarse en otro. El tratamiento farmacológico ha cambiado muchas veces a lo largo del tiempo, de manera que he tomado numerosos psicofármacos: antidepresivos, antipsicóticos, ansiolíticos e hipnóticos. Unos me han sentado mejor que otros y he tomado como digo muchos tipos, pero siempre durante un tiempo, y en cada ingreso me han cambiado la medicación. Los resultados podrían ser mejores en este aspecto aunque como decimos algunos parece que se cambia tanto de tratamiento porque “no dan con la tecla” como dice un compañero de enfermedad; también creo que debido a que las características particulares de la enfermedad cambian con el tiempo. Lo ideal sería tener una medicación para lagos tratamientos, pero aunque yo por ejemplo llevo estable más de tres años, y no he cambiado mas que en los últimos meses por una “bajona” que he tenido y sigo teniendo, los altos y bajos de la enfermedad hacen que se cambie de tratamiento cuando es preciso, siempre claro por decisión del especialista y a la vista éstos del estado en que se encuentra el paciente.

El tratamiento psicológico y psiquiátrico de los últimos años es conjunto, es decir, que psicólogo y psiquiatra se comunican uno con otro, poniéndose de acuerdo en lo que respecta a cada uno de ellos. Durante años no ha sido así, sino que solo me han visto psiquiatras. Mi opinión al respecto es clara: la labor conjunta de psicólogo y psiquiatra es la mejor que se puede encontrar para enfrentarse a la enfermedad.

J.O.H.

EL ESTIGMA


Con motivo de la jornada de puertas abiertas que se va a celebarar mañana en el Hospital Macarena de Sevilla, os mostramos uno de los textos que se van a leer en la mesa en la que va a participar nuestro blog. Este artículo ya fue publicado en el mes de febrero pero pensamos que merece la pena volverlo a leer.



Vivir supone con frecuencia mucho sufrimiento indeseado de muy variada etiología, desde un simple dolor de muelas hasta un cáncer, pasando por cualquiera de las múltiples enfermedades que nos acechan y destruyen, y los más variados síntomas que nos reducen a veces a una simple piltrafa que no sirve para nada. Pero existen otros dolores diferentes, aquellos que afectan al alma, al cerebro, al corazón, a los sentimientos, que son más difíciles de catalogar , pero que pueden ocasionar a veces más daño que los dolores que afectan al cuerpo y que son más visibles y evidentes.

Los dolores del alma y del cerebro son más invisibles, están más escondidos, se revisten de una piel diferente a todo lo demás y que suele sufrirse en silencio, en soledad. La enfermedad mental sigue siendo un estigma para nuestra sociedad. Está como prohibido el sufrimiento espiritual. El enfermo mental está estigmatizado, señalado por miles de dedos visibles e invisibles que lo apartan de la sociedad y lo introduce en una espiral autodestructiva cada vez mayor y que parece no tener fin.

Es muy peligroso confesar que se padece depresión o ansiedad. Y no digamos si se dice que la enfermedad mental que se padece es la esquizofrenia o algo peor. Entonces el estigma es mayor y el sufrimiento que genera es infinitamente más grande. No puede decirse que estás tomando medicinas para los nervios, que llevas un pastillero encima para que no se te pase ninguna toma porque si lo confiesas pareces un drogadicto, alguien que no puede vivir sin química. En silencio el dolor se agiganta y parece no tener fin. El enfermo, entonces, recurre a centros como la Unidad de Rehabilitación de Salud Mental del Distrito Macarena para la que estoy escribiendo este artículo donde no eres un extraño porque estás entre hermanos de angustia, gente que está harta de sentir un puñal epigástrico asesino y deseosa de gritar a los cuatro vientos que somos enfermos normales, que bastante castigo es tener ya la enfermedad como para tener que pedir perdón por padecerla.

A eso estamos obligados los enfermos mentales: a pedir perdón por estar mal, a justificar que no somos peligrosos, que la psicosis no hace daño sino a uno mismo y a nadie más. Es difícil buscar pareja cuando se padece una enfermedad mental. Damos miedo por nuestra sintomatología, nuestro andar pausado como si fuéramos zombis, gente inútil, espectros en la niebla del universo espiritual más amargo. Damos pena encima porque no comprenden cuánto se sufre cuando tenemos ganas de llorar y no podemos porque el pecho está tan oprimido que ni siquiera las lágrimas pueden salir del interior de nuestros corazones. Damos asco porque parece que en la sociedad simplemente tenemos el papel de parásitos que causan una escabechina a la Seguridad Social porque cobramos pensiones que parece que no nos merecemos cuando muchos, como yo, hemos cotizado una serie de años y tenemos derecho a una pensión contributiva. Y los que no, derecho a una pensión no contributiva porque aparte de comer espiritualmente tenemos derecho al alimento del cuerpo. Bastantes fuerzas de flaqueza tenemos que sacar diariamente para sobrevivir, a veces casi arrastrándonos, sin aliento.
Sin aliento y con el estigma de cargar con una enfermedad mental que nos convierte en solitarios crónicos o nos obliga a relacionarnos sólo con personas que padecen nuestra misma enfermedad. Pero en el mismo dolor está la esperanza para escapar porque se convierte en un escudo que nos protege de todas las agresiones externas y al final acabamos siendo más fuertes que los que están sanos entre comillas. El dolor mismo es la gasolina que nos sirve de combustible para tirar en el duro día a día en el que se convierte la vida, Hay que decir como John Rambo en la película Acorralado de Ted Kotcheff cuando el coronel Truman le pregunta cómo vivirá a partir de ahora. Y Rambo, siempre parco en palabras, responde: día a día.

Pues a eso invito a todas las personas estigmatizadas mental y socialmente: a vivir día a día, diariamente, sin pensar en el mañana, sólo en el hoy, en el ahora, en el aquí, en nosotros mismos y en nuestras propias y particulares limitaciones que pueden ser vencidas por una voluntad de hierro o cuando menos de bronce. Somos fuertes y fuertes seguiremos siendo hasta que la muerte nos alcance como a todos porque en eso no hay diferencia alguna que valga. Como me dijo una vez una amiga soy más fuerte de lo que creo. Y pienso que llevaba razón. Aquí estoy, padeciendo de los nervios desde los siete años. Y van cuarenta y dos. Y pienso seguir luchando, con estigma o sin él porque en el fondo soy un superviviente, un Rambo más que con una breve pero jugosa mochila siempre diré que viviré día a día, con un apoyo incondicional: el mío.

José Cuadrado Morales

ENTREVISTA PARA EL DIARIO DE SEVILLA

El otro Día tuvimos la agradable visita de dos chicas periodistas del diario de Sevilla en nuestra unidad, nos hicieron preguntas interesantes sobre nuestro blog, había muy buena onda, ellas también sintonizaron con nosotros la verdad que fue un rato muy agradable.
Aquí os dejamos una imagen de la edición impresa del artículo y el enlace para que podáis visitarlo en la página.


http://www.diariodesevilla.es/article/vivirensevilla/1080365/inquietudes/y/reflexiones/enfermo/psiquico.html

martes, 4 de octubre de 2011

¿PARA QUÉ SIRVE LA POESÍA?

Hace algunos años di una conferencia con este mismo título que causó gran expectación porque la poesía es la hermana pobre de la Literatura y a los que les gusta parecen avergonzarse de ello como si fueran unos marginados que están cometiendo un crimen o en menor medida un acto ilegal.
La poesía es una cuestión de amor, vocación y supervivencia. Amo la poesía porque ella me permite expresar con total libertad mis sentimientos sin ningún tipo de cortapisas. Es mi vocación desde que era un niño y empecé a escribir mis primeros garabatos poéticos con siete años. Y es una forma de supervivencia porque más de una vez la poesía me ha salvado la vida en momentos graves de ansiedad y depresión.
Yo sin poesía no podría vivir. La necesito para echar fuera todo lo que se me pudre dentro antes de que se convierta en un cáncer maligno que tenga la tentación de matarme. La necesito para endulzar mi vida cotidiana y todas las manifestaciones de dolor que se producen en ella. La necesito para superarme cada día como persona y ser lo mejor posible con mis semejantes y conmigo mismo.
Juan Ramón Jiménez buscaba la poesía pura que fuera suya para siempre. Yo busco también en la poesía lo mejor de mí y lo mejor de ella para provocar una simbiosis perfecta que permita la supervivencia de mi propio ser y el sentido de cada palabra que ponga en el papel.
Él le pedía a la inteligencia que le diera el nombre exacto de las cosas. Yo busco en las palabras el hermanamiento con la misma existencia. Es una forma de existencialismo poético que permita que todo aquello que tiene sentido no lo pierda en ningún momento y le pido a la inteligencia que me dé la capacidad de crear belleza con las palabras para que los lectores se unan a la simbiosis arriba reseñada y se forme una masa homogénea que explote en un ramillete de bellezas anónimas que nos produzca el mayor placer posible.
Él luchó toda su vida desde el Modernismo hasta la poesía desnuda con todas sus fuerzas para que se encontrara en un estado de éxtasis literario con las palabras y encontrar el mayor de los placeres posibles. Él nunca se avergonzó de esta tarea detenida y minuciosa y no se dejó vencer en ningún momento, ni siquiera cuando murió su esposa Zenobia Camprubí. Sin la poesía Juan Ramón hubiera muerto seguramente a la semana siguiente de su mujer, pero encontró en la palabra poética el sentido suficiente para seguir viviendo, la supervivencia a la que aludí antes.La poesía detiene la muerte, hace inmortal la vida, nos convierte en supervivientes con el objetivo esencial de crear belleza con morfemas y sintagmas.
Yo me levanto cada día pensando en cuál será el próximo poema que escribiré, es decir, la nueva razón para seguir adelante en este valle de lágrimas cristiano que acaba convertido en un valle de dichas porque cada poema es una razón para trepar por la existencia hacia un mundo donde todo lo hermoso está permitido. La poesía es una condición moral para justificar la misma vida, es una actitud ética antes todos los acontecimientos que hacemos, es nuestra conciencia de todos los momentos vividos en la oscura habitación que es nuestra vida.
La poesía no es una razón para morir ni para justificar la muerte como podría parecer leyendo a Bécquer. “Solitario, triste y mudo hallase aquel cementerio. Sus habitantes no hablan. Qué felices son los muertos”. No creo que los muertos sean felices y no creo que la felicidad resida en el deseo de morir. Para eso no sirve la poesía. Para morir no. Pero sí sirve para expresar nuestro deseo de morir si eso es lo que más nos impacta en nuestra vida y da sentido a nuestro proceder por este mundo.
La poesía es una forma de mostrar el amor y hacerlo visible a la persona amada. Para eso los poemas son las vías adecuadas para que salgan a la luz pública todos los sentimientos positivos que tenemos y que de otra forma se quedarían dentro de nosotros como soldaditos que van a la guerra de la soledad. La poesía combate esta soledad y convierte al vate literario poético en una persona siempre acompañada por las palabras y la infinita belleza que son capaces de transmitir. Es imposible sentirse solo teniendo a la poesía como compañera en el diario subsistir por la vida.
La poesía acompaña a la hora del café, del almuerzo, de la cena, cuando hacemos el amor, en todo momento. Amo la poesía porque me ayuda a vivir, a ser mejor persona, a entender mejor los sentimientos ajenos, en definitiva, la totalidad de la vida y de la muerte entendida como segunda vida, no como muerte absoluta y exterminadora.
Lean poesía si quieren sentir el amor, la vocación y la supervivencia. El amor para subsistir, la vocación de vivir y la necesidad de estar siempre vivos para que nunca nos atrape la muerte inmunda. La poesía sirve para todo esto y mucho más. Lean un libro de poesía y experimenten todas las cualidades que he desarrollado en este artículo y tendrán más ganas de vivir y verán el alrededor de una forma mucho más positiva. Que así sea.

José Cuadrado Morales