lunes, 9 de mayo de 2016

LA MUERTE DE UN AMIGO

Para preservar la intimidad de mi amigo no diré su nombre. Total: ya es lo que menos importa porque lo verdaderamente importante es su desaparición física, su ausencia corporal. Ya queda sólo en los recuerdos de los momentos compartidos, que fueron muchos y muy positivos.
Éramos muy buenos amigos desde que fuimos por primera vez a la sede de la Asociación Asaenes. Nos presentó la trabajadora social, quien fue la que nos sugirió la idea de ir a la mencionada Asociación. Allí compartimos muy buenos instantes y conocimos a otras personas con similares problemas o idénticas circunstancias.
Su muerte me ha dejado un vacío enorme y doloroso. No la esperaba. Me resta una sensación de extrema soledad, de algo irrellenable e inconsolable. No se puede llenar con nada. No hay consuelo posible, sólo el paso del tiempo y la superación progresiva de algo ya completamente inevitable.
Es como morirse una parte de ti mismo. Como si te faltara un trozo de tu cuerpo, como si no estuvieras completo. Saber que ya no volverás a hablar con él, que se ha ido para siempre en ese viaje que todos tenemos que hacer, pero que él ha hecho demasiado pronto.
No conozco la causa de su muerte. Da igual: el vacío es igual de amplio. Ya no habrá más días en los que llegue a la Ura y mire a la silla de la sala de espera donde siempre se sentaba él, como si tuviese cogido el sitio.
Recuerdo nuestras largas conversaciones, muchas veces sobre temas intrascendentes, pero eso es lo menos importante. Lo importante es la unión que nos mantenía cercanos, importantes recíprocamente.
Recuerdo también que siempre que nos veíamos nos dábamos la mano. Era una señal de educación y de proximidad. Siempre estaba sudoroso por la medicación según él me contaba. Y es verdad: parecía que de sus manos manaba agua.
Tenía buen humor a pesar de todo. Lo recuerdo con una frecuente sonrisa. Y no era una sonrisa forzada sino bien cierta que aumentaba nuestra proximidad.
Tenía ganas de vivir a pesar de la enfermedad. Yo por lo menos lo consideraba una persona vitalista, con ilusión, aunque muchas veces atenuada por los males de nervios.
Espero que esté mejor en la nueva vida con Dios. Por lo menos yo tengo esa fe en otra vida mejor que ésta, aunque creo en ambas con la misma intensidad.
Él creía en el más allá. Yo creo como digo en ambos: en el más acá y en el más allá. Los dos son igual de importantes y hay que aprovecharlos con idéntica intensidad.
Pronto se cumplirán 24 años de la muerte de mi padre. Recuerdo que le metí en el nicho un ramo de flores con una dedicatoria: “Porque te vas me quedo”. Con eso quería decirle que aunque él se fuera yo iba a seguir viviendo con la misma ilusión, entre otras cosas en homenaje a él por todas las cosas que me había enseñado y por lo mucho que lo quería. Su ausencia no me ha restado ganas de vivir, como tampoco lo hizo la muerte de mi madre, acaecida muchos años después de la muerte de mi padre.
Dios da una energía tremenda que te proporciona de inmediato unas ganas de estar en el mundo intensas. Por eso creo que mi amigo está mejor ahora con Dios, en el paraíso, en un universo paralelo que le quitará todos los pesares que le aquejaban y que ahora le parecerán totalmente insignificantes.
Mi amigo tenía más o menos mi edad. Yo tengo 54. Ya me veo cerca de los 60 y tengo que cambiar muchas cosas para aprovechar más la vida. Tengo que luchar contra las obsesiones y lo debo hacer entre otras cosas por las personas que me quieren, para las que soy verdaderamente importante.
Muchas veces hay que obrar por los demás, no por uno mismo. O mejor dicho: muchas veces el hacer cosas por los demás nos beneficia a nosotros mismos como si fuera un mimetismo positivo.
Ya mi amigo no está, pero eso no importa. Nos veremos en ese universo paralelo del que he hablado y allí disfrutaremos eternamente de muchas cosas que quedaron pendientes.
Ojalá este artículo sirva para su consuelo y le proporcione alegría en el tránsito hacia la otra vida. Y espero que sirva también de consuelo para los lectores que hayan perdido recientemente a alguien importante.
Cuídate mucho, amigo mío, ahora que ya no puedo hacer nada más por ti. Espérame en el cielo, como decía la canción. Allí estaremos junto con Dios, como amigo común. Salud y suerte.


José Cuadrado Morales

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Jose, siento mucho la perdida de tu amigo. Si iba a la Ira supongo que lo habré cruzado más de una vez...Que descanse en paz,y una oración por su alma es lo único que queda.Rosa

CRAP Calatayud dijo...

Te acompañamos en tu sentimiento, José

Anónimo dijo...

Gracias, querida amiga Rosa por tu pésame. Tú siempre tan atenta a todo y teniéndome en cuenta. Ya sólo queda lo que tú dices, que mi amigo descanse en paz y rezar por su alma, cosa que por supuesto he hecho. Tengo previsto escribir una segunda parte del artículo La muerte de un amigo porque ya me he enterado de la causa de su muerte y eso cambia un poco las cosas, aunque el resultado final sea la muerte. Pero no todas las muertes se producen de la misma manera. Un saludo muy fuerte y me alegro mucho de tenerte como amiga porque así te considero. José Cuadrado.

Anónimo dijo...

Gracias queridos amigos de Calatayud por vuestro pésame. Apreciaba de veras a mi amigo y pienso escribir una segunda parte del artículo La muerte de un amigo porque ya me he enterado de la causa de su muerte, que aunque no cambie nada de la muerte sí me hace sentir que todas las muertes no son iguales. Un abrazo muy fuerte y ánimo en vuestro trabajo. Un saludo cordial de vuestro amigo José Cuadrado.

UnidadDia Renteria dijo...

Animo Jose. La pérdida de una persona cercana supone, como tú dices, que algo de nosotros también se va con él, algo se nos muere. pero el mantener la entereza de seguir para adelante y luchar por disfrutar el día a día es fundamental. Un saludo

Anónimo dijo...

Queridos amigos de Rentería: gracias por vuestro mensaje. Es cierto que se va una parte de nosotros cuando muere un ser querido y que después hay que tener el arrojo de salir adelante, día a día, con entereza, con una tremenda fuerza de voluntad. Ahora voy a escribir una segunda parte del artículo porque ya sé la razón de su muerte: el suicidio, lo que hace que la perspectiva cambie a la hora de contemplar su muerte. Espero que mi nuevo trabajo os llegue y nos haga sentirnos más unidos. Un abrazo muy fuerte y adelante. José Cuadrado.