jueves, 20 de marzo de 2014

¿ES HORA YA DE DEJAR DE CREER EN DIOS?

No. No. No soy yo quien se hace esta importante pregunta como se ha quedado asombrado mi terapeuta ocupacional cuando le he dicho el título del artículo de hoy. No soy yo quien se hace tan inquietante pregunta, sino un íntimo amigo de la infancia que está pasando por muy malos momentos por culpa de su salud mental que está muy deteriorada y eso le está llevando a una crisis de fe considerable que le causa un profundo dolor. Nosotros nos formamos como personas y estudiantes en el Colegio de La Salle de la Calle San Luis de Sevilla, de los Hermanos Lasalianos. 
Allí estuvimos mi amigo Luis (no diré los apellidos para conservar la privacidad de su persona) y yo nueve años: un año de parvulitos, cuando todavía se llamaban así, y los ocho años de Enseñanza General Básica (E.G.B.) Lo pasamos muy bien estudiando. A ambos nos encantaba estudiar y lo hacíamos lo mejor posible sacando buenas notas. Después se nos inculcaba considerablemente la fe cristiana con la fe que profesábamos sobre todo a San Juan Bautista de la Salle y a la Virgen María Inmaculada, que actualmente procesiona en la Semana Santa de Sevilla junto con el Cristo de la Resurrección. Los Hermanos de la Salle nos metían la fe a la fuerza, pero nosotros voluntariamente la íbamos haciendo nuestra sin presiones. Era un arte muy difícil de realizar. Los Hermanos nos hacían confesar todos los viernes por fuerza y también nos obligaban a ir a misa todos los domingos, y esto si queríamos aprobar la asignatura de religión. También se daba a veces el caso de que nos quitaban puntos de otras asignaturas si no cumplíamos con estos preceptos obligatoriamente.
 Así que a mí una vez que se me pasó ir a misa me dejaron la nota de Lengua Española de sobresaliente en suficiente y eso me dolió bastante y me hizo plantearme si era justa la política religiosa que llevaban a cabo los Hermanos de la Salle.
Luis y yo nos apuntábamos a todos los deportes que se hacían en el Colegio: baloncesto, balonmano, voleibol, etc… Intentábamos así pasar lo mejor posible la férrea disciplina de los Hermanos. Nos iban bien los deportes y hacíamos competiciones con otros colegios para distraernos todavía más. Nos apuntábamos a todos los concursos que se hacían en el colegio, como el concurso de pintura, que recuerdo que gané uno de los años. Fueron 9 años, en realidad 8 porque dos cursos tuvimos que hacerlos en uno solo porque teníamos que llegar al siguiente ciclo con 14 años recién cumplidos.
Cuando terminamos la enseñanza primaria mi amigo Luis tenía una fe a prueba de bomba. A veces iba a misa entre semana para confesarse y comulgarse, pero ya voluntariamente, no con la obligación de los Hermanos de la Salle.  A veces incluso rezaba el rosario antes de la misa con otros fieles presentes en la iglesia. Yo tenía fe, pero mi fe no llegaba a tanto. Pero era una fe sólida y con buenas raíces como fui comprobando con el paso de los años.
Yo empecé en el Instituto San Isidoro de Sevilla el Bachillerato Unificado Polivalente (B.U.P.) y mi amigo Luis tiró hacia la Formación Profesional, rama de electricidad. Montaría muy joven un negocio de electricidad que todavía subsiste con mucho trabajo y muchos años de dedicación. Nos veíamos de vez en cuando e íbamos a jugar al ping pong y al billar a los salones recreativos que había en la calle Sierpes y lo pasábamos muy bien. En ocasiones se apuntaban otros amigos del colegio o de nuestros respectivos barrios y estábamos más acompañados. La amistad de la enseñanza primaria subsistía aunque nuestros caminos de estudios se habían ramificado.
Pasados los años llegó la Universidad para mí, mientras mi amigo Luis seguía ya independizado con su negocio de electricidad. Yo me matriculé en dos carreras: Filología Hispánica en la Universidad de Sevilla y Ciencias de la Información, rama de Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, en un centro concertado que había en Sevilla. Fue entonces cuando caí malo de los nervios y acabé por dejar las dos carreras, la primera en el primer curso y la segunda en el segundo curso. Tenía depresión y crisis  de ansiedad que irían agravándose con el paso del tiempo hasta acabar como estoy ahora en la Ura Macarena. Mi amigo Luis me apoyó mucho en todo momento y venía a verme con frecuencia a mi casa. Él ya se había casado muy joven y tenido dos hijos que hoy son mayores que el mío que va a cumplir en mayo 24 años. 
Mi amigo me daba todo su apoyo y toda su energía positiva. Yo me apoyaba en él, pero también me apoyaba en Dios porque conservaba la fe del Colegio de la primaria. Con el paso del tiempo mi amigo Luis también cayó en lo que suelen tener los españoles sobre todo como problema de salud mental: crisis ansiosodepresiva. Lo pasaba muy mal, no tenía tanta paciencia como yo o no confiaba tanto en Dios como yo. No lo sé.
Dios me ayudaba considerablemente en mis depresiones y también el escribir constantemente, sin parar, durante años. Mi amigo Luis no desapareció de mi vida por estar con crisis ansiosodepresiva y yo tampoco me fui de su vida cuando él cayó en ella. Ya no iba tanto a la iglesia, ni a misa, ni a confesarse, ni rezaba tanto. Estaba perdiendo poco a poco la fe y tenía menos fuerzas para continuar adelante. Yo le decía que se apoyara un poco más en Dios, que nos lleva en brazos cuando sólo hay unas pisadas marcadas en la arena como ya conté una vez.
Pasado el tiempo la cosa fue a peor y un día me dijo la pregunta

 del artículo de hoy: ¿Es hora ya de dejar de creer en Dios? Yo le recordé un verso de Antonio Machado: “Converso con el hombre que siempre va conmigo”. Es decir, que él se tiene a sí mismo siempre y en todo momento. No puede fallarse. No puede dejar de apoyarse a sí mismo continuamente. Y le recordé otro verso de Antonio Machado: “Quien habla solo espera hablar a Dios un día”. Él reza y habla solo y con eso espera hablar a Dios alguna vez en el paraíso o dondequiera que vayamos cuando la muerte nos visita. Si él continuaba rezando no perdería la fe y si tenía claro que Dios nos escucha en todo momento y nos apoya desde el lugar donde se encuentre, que en realidad es todos por el don de la ubicuidad.

Mi amigo está cerca del ateísmo. La enfermedad le ha cercenado la fe de una manera brutal y ahora es un descreído que va y viene por la enfermedad sin parar ni un solo momento de estar mal. Pues yo le digo desde aquí que Dios le ha dado cosas muy valiosas, como son su mujer, sus hijos, su trabajo, amigos como yo que somos fieles en todo momento y en todas las circunstancias. Debía dar las gracias por todo ello y no quejarse tanto y no pensar que ha perdido la fe porque padece depresiones o crisis de ansiedad.
 Es la enfermedad, pero Dios nos da el libre albedrío y eso incluye estar enfermo. No podemos quedarnos sólo con lo bueno porque entonces seríamos unos egoístas. Tenemos que aceptar tanto lo bueno como lo malo y ser fuertes en ambas circunstancias. Y dar gracias a Dios por todo lo que recibimos de él. Así que no es hora de dejar de creer en Dios, sino de seguir creyendo en Él y apoyándonos en Él para no sentirnos solos o hacer como que nos sentimos solos.
Con Dios la soledad no existe porque nos acompaña a todos lados. Él ha estado ingresado varias veces y yo he ido a verlo siempre. Luis tiene que valorar esas cosas para ver que no está solo en el mundo y que Dios no le da sólo la enfermedad sino un  montón de cosas buenas que tiene que saber valorar con la misma fuerza que valora las cosas malas porque es la mejor manera de ser justos con uno mismo.
Parece que lo estoy convenciendo. Y hablo yo que  también vivo mis momentos de crisis. ¿Cómo no voy a tenerlos si hasta los mayores místicos que han existido han tenido crisis de fe? Yo que soy una persona normal con más razón tengo momentos en los que lo voy todo negro y también pienso que Dios me ha abandonado porque no tengo fuerzas para seguir adelante. Pero no es así. Dios siempre da fuerzas de flaqueza para seguir tirando aunque no sea de la manera que quisiéramos pero es imposible que toda nuestra vida sea como nosotros queramos que sea. La realidad y el deseo, como diría Luis Cernuda, no suelen coincidir. Por eso muchas veces dejamos de creer en Dios en períodos cortos: porque nuestros deseos no se ajustan a la realidad. Pero eso no quiere decir que Dios nos abandone en mitad de un deseo y permita que la realidad sea muy diferente a lo que vamos construyendo con nuestras ilusiones. La realidad de Luis actual es muy diferente a sus deseos, pero debe seguir creyendo porque la fe es fuerte y ayuda a superar muchos momentos malos. Si lo pone a prueba lo podrá comprobar. Espero que él lea este artículo y sea optimista y valore todo lo bueno que tiene que es mucho. Porque a veces ocurre que una sola cosa mala nos aplasta tanto que no vemos todo lo bueno que tenemos delante de los ojos.
Éste es el mensaje que os transmito a todos los que andáis con crisis de fe: que es normal y que es humano pero que hay que ser fuertes para mantener la fe por encima de todo. No es hora, pues, de dejar de creer en Dios sino de seguir creyendo en Él con más fuerza si cabe en los momentos difíciles para demostrarle nuestra lealtad y nuestra vocación íntima. La vida sólo termina una vez. Ése es el mayor consuelo por así decirlo. Y es la vida la que da sentido a la muerte y no al revés. Así que estamos a salvo en todo momento. Salud y suerte.


José Cuadrado Morales

3 comentarios:

Anónimo dijo...

jose, una cosa es creer en dios y otra hacerlo en la iglesia catolica. yo creo en dios, como tu bien dices en ti articulo y yo ya conocia , Antonio machado dijo que el hombre que hablea solo espera hablar con dios alguna vez. yo creo un poco en la balanza en la que creian los egipcios para que su alma fuera junto con los dioses o a un submundo de tinieblas. esto no es una creencia que no tenga pinceladas de una educacion catolica. lo unico que puedo decirte es que mas o menos es asi como me figuro mi cosmogamia.

Anónimo dijo...

jose, una cosa es creer en dios y otra hacerlo en la iglesia catolica. yo creo en dios, como tu bien dices en ti articulo y yo ya conocia , Antonio machado dijo que el hombre que hablea solo espera hablar con dios alguna vez. yo creo un poco en la balanza en la que creian los egipcios para que su alma fuera junto con los dioses o a un submundo de tinieblas. esto no es una creencia que no tenga pinceladas de una educacion catolica. lo unico que puedo decirte es que mas o menos es asi como me figuro mi cosmogamia.

Anónimo dijo...

De nina y joven era muy idealista y creia en Dios, ahora a mis 40 se que no existe. Nadie ha podido probar que existe. Las religiones son inventos de gentes q usan sus escrituras para asaltar el bolsillo de la gente. Los milagros tampoco existen. A ninguna persona sin piernas le han aparecido piernas nuevas, todo se resume en ganar dinero para sobrevivir. Si no haces dinero nadie quiere estar a tu lado, te sonrien por favores y sacarte dinero. Si te mueres te reemplazan y ya. Somos solo como aves de paso. No hay fuerzas divinas, sino como se explican los desastres naturales y toda esa gente muerta? La maldad que siempre gana....