viernes, 2 de noviembre de 2012

LA LUCHA POR NO ABANDONARSE


Existen numerosas patologías relacionadas con la salud mental. Detallarlas sería prolijo y para el objetivo de este artículo innecesario porque yo quiero centrarme en los trastornos depresivo y ansioso, que bien se pueden considerar uno solo conformando lo que se llama síndrome ansioso depresivo, que es el más extendido en nuestro país. A todas las patologías es común el abandonarse, es decir, no cuidarse lo necesario, no mimarse, no quererse en una palabra, pero parece que en el síndrome ansioso depresivo se manifiesta más esta tendencia a abandonarse.
No hablo del abandonarse que se produce en la terapia de relajación. En ella el cuerpo se abandona para que se pueda relajar y conseguir los efectos beneficiosos que se pretenden. Hablo del abandonarse en sentido negativo: no cuidarse, alimentarse indebidamente, no seguir las instrucciones elementales de higiene y otras características del abandono en sentido negativo. Es la respuesta a la sintomatología que se padece con la depresión y la ansiedad: dolor de cabeza, mareos, fatiga, náuseas, dolor precordial y otros muchos. Ante esta catarata de síntomas el cuerpo responde abandonándose. El paciente se mete en la cama para no vivir el dolor. O se acuesta demasiado temprano o se levanta demasiado tarde. Se rompe completamente el reloj biológico y el cuerpo acaba sintiéndose aún peor. En la cama viene el sueño de vez en cuando, pero la mayor parte del tiempo se está despierto con lo que al final no se consigue el efecto beneficioso que se pretendía, que puede ser la relajación, sino que el cuerpo duele y los síntomas se hacen más acentuados. A pesar de todo el paciente se abandona e intenta así huir del mundo. Pues yo digo que hay que intentar luchar. La cuestión es luchar o huir en la cama. Luchar o morir lentamente en el dormitorio. La cuestión es ser o no ser, como bien diría William Shakespeare. Ser un paciente que se recupera con la lucha o ser un cuerpo a modo de fardo tirado sobre la cama.
 La falta de ilusión lleva al paciente a meterse en la cama o tirarse en el sofá horas y horas viendo la tele o estando simplemente en silencio. Hay que tener una ilusión, la que sea por pequeña que sea, para salir del trastorno ansioso depresivo. Es lo que me dijo el otro día durante el desayuno una señora que suele desayunar en el mismo bar que yo: “Hay que ir siempre hacia delante, con optimismo, y paso a paso”. Pues paso a paso hay que marchar para superar la enfermedad. Basta con tener una pequeña ilusión como esa de marchar paso a paso. Es el nombre de una técnica terapéutica que se puso de moda en Estados Unidos aproximadamente en los años ochenta y noventa. La técnica del “step by step”, del paso a paso. Se hizo una película basada en ella titulada ¿Qué pasa con Bob?, protagonizada por Richard Dreyfus y Bill Murray, muy entretenida y cuya visión recomiendo. No es bueno intentar superar la crisis ansioso depresiva de golpe. Hay que ir lentamente, superando esos períodos de abandono con las fuerzas de flaqueza que el cuerpo tiene de reserva y a las que le dediqué un  poema publicado en mi décimo libro Poemas que quise escribir.
Yo tengo ahora la ilusión de publica mi decimoprimer libro titulado Pasión o espontaneidad. Ello me permite luchar con todas mis fuerzas contra la apatía que produce la depresión y también la ansiedad. Más aún cuando van ligadas al trastorno obsesivo compulsivo como es mi caso, aunque éste es una manifestación más de la ansiedad. Escribir estos artículos quincenales también  me proporcionan una ilusión  añadida y me hacen  sentir útil para mí mismo y para los demás. Pero para llevar a cabo las ilusiones hace falta lo que decía el otro día en el periódico una traductora de libros: paciencia, constancia y estoicismo. Paciencia porque tenemos que dar tiempo a que la ilusión fructifique en nosotros. Constancia para no dejarnos vencer por la apatía y dejemos a mitad de camino el trabajo empezado. Y estoicismo porque hay que tener fuerza de voluntad suficiente para soportar el dolor que produce el esfuerzo que se realiza. Hay que ser un estoico con la depresión y la ansiedad para conseguir llegar a ser un epicúreo, es decir, alguien  que disfrute de la vida, que disfrute incluso de los malos momentos porque sabe extraer de ellos la parte positiva.
Yo quiero transmitir con mi artículo optimismo, algo que a mí me falta con frecuencia. De hecho mis artículos van dirigidos a mí mismo antes que a nadie. Mis artículos me benefician a mí. Soy optimista a ratos y no pierdo de vista lo que ponía en el titular del periódico que he leído esta mañana: fe en la ansiada esperanza. No hay que ver la esperanza desde la ansiedad y no hablo de la fe religiosa, sino del deseo de conseguir algo. La fe religiosa va por otro lado y ya la he tratado suficientemente en mis artículos. Sin esperanza no se puede vivir para llevar la vida con una enfermedad mental. Debe ser la hora de los valientes, como diría el exquisito narrador cinematográfico Antonio Mercero, la hora de los que dan la vida para ponerse bien, de los que luchan para no abandonarse, de los que sostienen que la fe en la esperanza es posible mantenerla durante muchos años. Yo llevo 51 luchando contra la enfermedad, pero también haciéndola mi amiga para que no me ocasione más daño del que ya me produce.
Según Sigmund Freud la patologías psiquiátricas son disfunciones endocrinas. Es decir, pura química. Todo en el cuerpo sería químico. No es necesario meterse ahora en  mundos más complejos relacionados con el alma. Hablamos sólo del cuerpo y, concretamente, del cerebro. Éste es el responsable de las enfermedades mentales. Freud dedicó toda su vida al psicoanálisis y a demostrar el origen químico de los trastornos psíquicos. Pues maldita la gracia que tiene la química. Pero yo creo que es cierto. Los problemas relacionados con la serotonina son el origen de los trastornos depresivos. Y las endorfinas son las hormonas del placer que nos permiten luchar contra las depresiones. Si no existieran sería imposible vivir pues no se puede estar sufriendo siempre. Hay que alternar períodos de dolor con períodos de placer para que se produzca un  equilibrio. Este equilibrio es lo que nos permite la supervivencia. La salud mental precisa del equilibrio para tirar hacia delante, para soportar todas las cosas que arruinan nuestra felicidad. En mi caso, actualmente, un fracaso amoroso del que no diré nada más porque ya me he referido a él en anteriores artículos. El equilibrio es básico para que podamos tener una esperanza sólida puesta en nuestra recuperación.
Lo que ocurre es que cuando luchamos para el equilibrio sobreviene el abandono, la desgana, la apatía. Estos tres elementos aplastan de golpe todo nuestro afán de superación. El abandono nos convierte en esclavo de todo lo peor de nosotros. La desgana nos hace sentir seres incapaces de hacer lo más elemental. Y la apatía nos lleva a no hacer ni siquiera lo más básico para sobrevivir como alimentarnos o dormir correctamente. Anoche me acosté muy temprano porque me sentía mal y he pasado una madrugada fatal con pesadillas y otros sueños que son, como yo suelo decir, malos rollos. Sentía que no servía para nada. Mis sueños me golpeaban furiosamente y no paraba de despertarme para mirar el reloj. Ha sido una noche funesta pero estoy lo suficientemente despejado para escribir este artículo porque lo tengo preparado mentalmente desde hace varios días. Dormir es fundamental y soñar es inevitable. Según he oído recientemente en un documental televisivo nos pasamos seis años de nuestra vida soñando. Freud también estudió el mundo de los sueños y dejó escrito muchísimo para poder interpretarlos, pero lo que no requiere ninguna interpretación es el dolor que a veces nos ocasionan.El dolor es dolor y ya está. El dolor tiene muchos matices, pero ocasiona numeroso sufrimiento. Y yo he sufrido mucho esta noche.
Pero yo no quiero perder la esperanza para luchar contra ese sufrimiento. Recuerdo ahora lo que escuché en otro documental, el lema de un grupo: Up to hope. Sería algo así como arriba hacia la esperanza. Podría ser el lema de todos los enfermos mentales. No dejar que el abandono nos destruya, nos socave. Y si eso ocurre, que no nos falte nunca la esperanza para rellenar los huecos que el dolor produce en el alma. Alma, otra palabra mágica, pero sobre ella tampoco quiero hablar en este artículo. Quiero ceñirme al abandono y a todas sus consecuencias. Y a las soluciones. Por eso hablo de la esperanza, una fuerza interior enorme que nos da fuerzas para seguir luchando. La esperanza nos levanta el ánimo, aunque digamos que estamos regular o que vamos tirando, pero son frases hechas que suelen usarse sin más complicaciones. No vas a contestar cuando te preguntan cómo estás que con esperanza. Pero siempre debemos llevarla con nosotros. Que no nos falte nunca en esa lucha contra el abandono. Debemos ser más fuertes que nuestros trastornos y saber que nadie es como cada uno y eso merece toda nuestra dedicación .

José Cuadrado Morales

4 comentarios:

Noelia A.N dijo...

Me he sentido super identificada con el articulo,yo también sufro ansiedad,depresión mayor y TOC,estoy en tratamiento desde hace solo unos meses y hasta ahora me abandonado totalmente,ahora mismo con un cambio de tratamiento reciente,parece que intento salir del agujero,intento hacer cosas,me obligo a mi misma,aunque es duro,muy duro,gracias me encanto la entrada

Anónimo dijo...

Muchas gracias por tus palabras; ya no me siento tan sola. yo intento no abandonarme pero el sufrimiento es grande y siento sensaciones desagradables profundas hacia las actividades que antes me gustaban. hago deporte para intentar aliviar y así por las noches me siento mejor. Espero esto no me acompañe de por vida...

ana davalowsky dijo...

Yo estoy diagnosticada desde hace un año con transtorno depresivo-ansioso, ha sido muy duro estoy con el psiquiatra y con la terapeuta, me he ido dejando poco a poco, a mis amigos, he engordado, paso mucho tiempo en mi cama sin dormir, y viendo la tele o en la computadora, es un completo desastre.

Anónimo dijo...

Gracias por esta nota tan bien realizada. Me siento identificada. Ahora sé de dónde proviene el abandonarse y ya mismo pongo en práctica mis ilusiones, aunque sea alguna y espero no morir en el intento.
Saludos cordiales