jueves, 4 de octubre de 2012

CRÓNICA DE UN DESAMOR


No quiero escribir este artículo. No quisiera, mejor dicho, pero me atengo a la razón que ha dado recientemente una poeta para publicar su último libro: “Escribo sobre mí en la medida que eso me permite relacionarme con los demás”. Los que me conocéis sabéis que siempre escribo sobre mis sentimientos, mis gustos, mi personalidad, y lo hago abierta y sinceramente, sin tapujos ni dejándome en el tintero las cosas verdaderamente importantes.
Esta vez toca el tema del desamor. Y he escogido un título que parafrasea otro de uno de los libros más vendidos de los años ochenta: Crónica del desamor, de una autora cuyo nombre no recuerdo en este momento. Por eso no quisiera escribir este artículo: porque preferiría escribir otro sobre el amor, como el que escribí sobre esta relación ya rota al principio de la misma: La soledad o el amor. En él hablaba de las ventajas y perjuicios de la soledad y del amor. Ahora toca el desamor, que es algo que duele horrores. Es una comezón del alma que tiene lenta curación. Ya lo decía Gabinete Caligari en su preciosa canción Camino Soria: “Bécquer no era idiota ni Machado un ganapán y por los dos sabrás que las penas de amor se curan en  soledad”. Pues yo quiero salir de mi soledad durante un rato para escribir este artículo y compartir con vosotros qué me pasa.
Viene a mi memoria ahora la frase de aquel filósofo: “La vida se compone de cuatro partes: amar, sufrir, luchar y vencer. Quien ama sufre. Quien sufre lucha. Quien lucha vence”. Yo he amado y ahora estoy sufriendo por el desamor. Pero estoy luchando ahora mucho y pienso vencer, quiero salir victorioso y volver a enamorarme o por lo menos no sufrir por un amor ya perdido. El amor se iguala al sufrimiento y no sólo al placer y la felicidad. Y hay que luchar para poder vencer. Quiero salir adelante sin miedo ninguno. Como me dijo mi hijo cuando le comenté esta nueva ruptura yo estoy acostumbrado a los fracasos porque he tenido relaciones con muchas mujeres y debo estar acostumbrado al fracaso y conocer los mecanismos para superarlo y llevaba toda la razón. Él me conoce y tengo esperanzas puestas en salir victorioso de esta situación en la que ahora mi corazón está sufriendo horrores porque hace sólo dos meses y pico que se rompió la relación y aún no he elaborado el duelo de la misma, el luto que hay que tener como si fuera algo muerto porque de hecho lo es.

Vienen  también a mi memoria los famosos versos del Premio Nobel de Literatura Pablo Neruda de su libro Veinte poemas de amor y una canción desesperada, concretamente la canción desesperada: “Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise, mi voz buscaba el viento para tocar su oído. Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quiero, es tan corto el amor y es tan largo el olvido”. Y es cierto: a veces el desamor dura más que el amor mismo. Yo la quiero todavía. La relación ha durado exactamente un año y tres días. Se rompió justamente tres días después de celebrar el primer aniversario de la misma. Yo me quedé roto por completo, desabastecido de autoestima, melancólico y nostálgico de tantas cosas buenas como hemos vivido durante la relación. Yo no quiero quedarme con las cosas malas. Quiero quedarme con las buenas, que han sido la mayoría y que me han dado fuerzas durante el tiempo que la relación ha durado. Ahora que estoy solo busco ayuda en Dios, que siempre está ahí y Él nunca falla. A Él le invoco que me ayude y me dé fuerzas para superar el desamor y pensar que quizás la ruptura ha sido lo mejor. Y pensar lo que escribí en un poema: que la relación se ha roto porque era el momento y hay que esperar otro momento distinto para volver a vivirla. En ese poema escribía positivamente sobre el desamor y decía cosas como que “si me abandonas piensa que yo alguna vez te he tenido”. Pues pienso cosas como ésa y me voy autoayudando poco a poco y saliendo adelante. Ahora apenas si nos cruzamos y nos decimos hola y buenos días cuando antes hablábamos sin parar sobre multitud de cosas. La palabra ha dejado su lugar al silencio. Son mundos separados y no un proyecto de vida en común. El juramento de que estaremos juntos hasta que la muerte nos separe ha sido sustituido por la soledad compartida porque sé que tampoco ella tiene una nueva relación, pero puede que llegue ese día y tendré que asumirlo como un accidente más de la vida.
Viene también a mi memoria lo que me decía un viejo amigo: “Tú tienes fracasos amorosos porque tienes relaciones, porque lo intentas. Que te quiten lo bailao”. Él siempre tenía miedo de relacionarse con mujeres por miedo al fracaso y al dolor, pero yo no. Y como dice también la canción “que me quiten lo bailao”. Nadie puede ya robarme la relación amorosa que acaba de morir. Nadie puede quitarme los buenos momentos con los que quiero quedarme. Ahora estoy sufriendo, pero porque antes lo he pasado bien y he sido feliz. Y con esto quiero quedarme. Ahora se trata de vivir una de las dos partes de mi primer artículo: la soledad o el amor. Toca soledad. Mañana tal vez toque otra vez compañía. De momento me alimento de los recuerdos de esta relación, el viaje que hicimos juntos, la idas al cine, las visitas a los museos y monumentos, las comidas en el restaurante chino, las visitas a nuestra cafetería y un montón de cosas buenas que mitigan el dolor de la ruptura. “Tu piel es una hermosa hendidura en mi pasado” escribía yo en un poema. Pues me quedo con tu piel como parte de un pasado positivo que ha terminado traumáticamente, pero en sentido positivo porque he vuelto a experimentar la dicha del amor. Te dediqué dos libros de poemas y eso nunca se te olvidará. Lo hice muy orgulloso y no me arrepiento. Lo bonito es lo que queda como cuando fuiste a mi casa estando yo deprimido y me llevaste el periódico y un paquete de almendras para entretenerme. Ahora estoy deprimido y me quedo en la cama hasta tarde muchos días y nadie viene a rescatarme de mi hundimiento, pero le echo fuerzas y me levanto y hago la vida que antes hacía más o menos, pero sin ti. Tú eres la ausencia que ahora siento. Antes eras la presencia que siempre sentía. Las cosas cambian y los sentimientos no son una excepción.
Hace muchos años, después de una de mis primeras relaciones, escribí un breve conjunto de poemas titulado Desamor, o sea, amor. En él igualaba lo uno a lo otro porque para estar desamorado hay que tener primero la dicha de estar enamorado. Yo decía en los poemas que el amor era el preludio del desamor, la consecuencia fatal del mismo. Es como si pensara que el amor no existe eternamente, que tiene un  principio y un final. Es lo que me dijo mi abogado cuanto tramitó mi divorcio: “Vosotros os habéis amado mucho, pero lo cierto es que el amor muere”. Así de frío y rotundo. Y los abogados siguen viviendo del desamor. Cada vez hay más divorcios. Cada vez las parejas se rompen antes. Es como si el amor tuviera prisa por morir. No hay aguante. No se soporta con paciencia los defectos del otro. Y el amor se va volatilizando lentamente y al final desaparece o entra en un estado de duermevela, de hibernación. Yo no puedo llorar por la medicación que tomo. Algo bueno tenían que tener las pastillas porque ya he llorado demasiado por otras relaciones precedentes. Ya no quiero llorar más. Me rebelo contra las lágrimas, no porque sean un síntoma de cobardía, sino porque es una presencia constante del dolor y no la quiero. No quiero agua en forma de lágrimas lloradas. Quiero borrar de mi memoria el dolor y volver a ser el Pepe de antes: fuerte, más fuerte de lo que yo me imagino como me dijo una vieja amiga hace muchos años. Y es cierto: somos más fuertes de lo que pensamos y podemos soportar situaciones difíciles y momentos de terrible abatimiento. El ser humano es puesto a prueba continuamente en la vida cotidiana. Y el desamor es una de esas pruebas. Una dura prueba por el profundo dolor que produce, pero no es eterno, como tampoco lo es el amor, salvo honrosas excepciones.
Quiero enviar  desde aquí un mensaje de esperanza a todos los que sufren mal de amores. Quiero que sean fuertes y se amen a sí mismos. Siempre es bueno recordar la frase ama al prójimo como a ti mismo. Y ya expliqué que no se puede amar a los demás sin amarse uno previamente. Es una de las soluciones más rotundas para el desamor: la autoestima, que da más seguridad, más confianza en uno mismo, en las propias fuerzas. Somos más fuertes de lo que creemos y en las situaciones límite es cuando podemos comprobarlo. Y el desamor puede llegar a una situación límite cuando está sobre todo en la cima del dolor. Quiero mandar una mensaje de esperanza a todos los que sufren el mal del desamor. Que no se desanimen. Que tengan fuerzas y busquen dentro de su alma recursos afectivos para superarlo. Hay que vivir la tristeza, pero llega un momento en que hay que superarla para seguir viviendo. Como se suele decir, la vida sigue. Y sigue para todos. Para los que aman y para los que no conocen el amor. Yo afortunadamente puedo decir que he vivido el amor. Por eso ahora siento un desamor positivo porque he tenido la suerte de estar enamorado.


José Cuadrado Morales

1 comentario:

Jazmin Carbajal dijo...

hola me identifique un poco con rehabilitarse mentalmente hace un mes sali de una relacion tormentosa donde dia con dia se llenaba de angustias mi corazon todo lo que traia lo embolsaba y no podia sacarlo por temor a perder y fracasar. pensamientos y sobretodo meditar orar con Dios...me dio la fortaleza para darme a valorar como mujer y que nadie ni mucho menos un hombre bajo los ojos de Dios estaba pecando contra mi y yo estaba aceptando todo lo malo que el me brindaba......el mal respeto y una violencia mental. que gracias a Dios no termino mal. es dificil pero una cosa si dire

Dios el no te va a dar cosas malas en tu vida el quiere lo mejor para ti pero tenemos que aceptar que es bueno y si tu saves que te hace daño no pudras tu alma ...solo dejalo alos pies de Dios y que te de valor y confia en Dios. lo malo afuera!! no hay que podrirse con gente asi. Aún sigo yo misma meditando y luchando....pero sigo aqui..