martes, 4 de octubre de 2011

¿PARA QUÉ SIRVE LA POESÍA?

Hace algunos años di una conferencia con este mismo título que causó gran expectación porque la poesía es la hermana pobre de la Literatura y a los que les gusta parecen avergonzarse de ello como si fueran unos marginados que están cometiendo un crimen o en menor medida un acto ilegal.
La poesía es una cuestión de amor, vocación y supervivencia. Amo la poesía porque ella me permite expresar con total libertad mis sentimientos sin ningún tipo de cortapisas. Es mi vocación desde que era un niño y empecé a escribir mis primeros garabatos poéticos con siete años. Y es una forma de supervivencia porque más de una vez la poesía me ha salvado la vida en momentos graves de ansiedad y depresión.
Yo sin poesía no podría vivir. La necesito para echar fuera todo lo que se me pudre dentro antes de que se convierta en un cáncer maligno que tenga la tentación de matarme. La necesito para endulzar mi vida cotidiana y todas las manifestaciones de dolor que se producen en ella. La necesito para superarme cada día como persona y ser lo mejor posible con mis semejantes y conmigo mismo.
Juan Ramón Jiménez buscaba la poesía pura que fuera suya para siempre. Yo busco también en la poesía lo mejor de mí y lo mejor de ella para provocar una simbiosis perfecta que permita la supervivencia de mi propio ser y el sentido de cada palabra que ponga en el papel.
Él le pedía a la inteligencia que le diera el nombre exacto de las cosas. Yo busco en las palabras el hermanamiento con la misma existencia. Es una forma de existencialismo poético que permita que todo aquello que tiene sentido no lo pierda en ningún momento y le pido a la inteligencia que me dé la capacidad de crear belleza con las palabras para que los lectores se unan a la simbiosis arriba reseñada y se forme una masa homogénea que explote en un ramillete de bellezas anónimas que nos produzca el mayor placer posible.
Él luchó toda su vida desde el Modernismo hasta la poesía desnuda con todas sus fuerzas para que se encontrara en un estado de éxtasis literario con las palabras y encontrar el mayor de los placeres posibles. Él nunca se avergonzó de esta tarea detenida y minuciosa y no se dejó vencer en ningún momento, ni siquiera cuando murió su esposa Zenobia Camprubí. Sin la poesía Juan Ramón hubiera muerto seguramente a la semana siguiente de su mujer, pero encontró en la palabra poética el sentido suficiente para seguir viviendo, la supervivencia a la que aludí antes.La poesía detiene la muerte, hace inmortal la vida, nos convierte en supervivientes con el objetivo esencial de crear belleza con morfemas y sintagmas.
Yo me levanto cada día pensando en cuál será el próximo poema que escribiré, es decir, la nueva razón para seguir adelante en este valle de lágrimas cristiano que acaba convertido en un valle de dichas porque cada poema es una razón para trepar por la existencia hacia un mundo donde todo lo hermoso está permitido. La poesía es una condición moral para justificar la misma vida, es una actitud ética antes todos los acontecimientos que hacemos, es nuestra conciencia de todos los momentos vividos en la oscura habitación que es nuestra vida.
La poesía no es una razón para morir ni para justificar la muerte como podría parecer leyendo a Bécquer. “Solitario, triste y mudo hallase aquel cementerio. Sus habitantes no hablan. Qué felices son los muertos”. No creo que los muertos sean felices y no creo que la felicidad resida en el deseo de morir. Para eso no sirve la poesía. Para morir no. Pero sí sirve para expresar nuestro deseo de morir si eso es lo que más nos impacta en nuestra vida y da sentido a nuestro proceder por este mundo.
La poesía es una forma de mostrar el amor y hacerlo visible a la persona amada. Para eso los poemas son las vías adecuadas para que salgan a la luz pública todos los sentimientos positivos que tenemos y que de otra forma se quedarían dentro de nosotros como soldaditos que van a la guerra de la soledad. La poesía combate esta soledad y convierte al vate literario poético en una persona siempre acompañada por las palabras y la infinita belleza que son capaces de transmitir. Es imposible sentirse solo teniendo a la poesía como compañera en el diario subsistir por la vida.
La poesía acompaña a la hora del café, del almuerzo, de la cena, cuando hacemos el amor, en todo momento. Amo la poesía porque me ayuda a vivir, a ser mejor persona, a entender mejor los sentimientos ajenos, en definitiva, la totalidad de la vida y de la muerte entendida como segunda vida, no como muerte absoluta y exterminadora.
Lean poesía si quieren sentir el amor, la vocación y la supervivencia. El amor para subsistir, la vocación de vivir y la necesidad de estar siempre vivos para que nunca nos atrape la muerte inmunda. La poesía sirve para todo esto y mucho más. Lean un libro de poesía y experimenten todas las cualidades que he desarrollado en este artículo y tendrán más ganas de vivir y verán el alrededor de una forma mucho más positiva. Que así sea.

José Cuadrado Morales

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